El Perdón
Quizá lo más duro del proceso y que el paciente intuye y evita, es que, en el camino terapéutico del perdón, tarde o temprano descubrimos que la culpa que proyectamos hacia fuera, en realidad, es la culpa que sentimos hacia nosotros mismos. El mundo sólo es un espejo. El mundo nos muestra la culpabilidad que sentimos hacia nosotros mismos. Por eso, este proceso siempre nos lleva hacia el perdón a uno mismo.
Pero, como dice Platón todo “error” proviene de la inconsciencia, de la ignorancia. Mientras que la culpa nos dice algo absurdo: dice que cuando no eras consciente debiste de haber sido consciente; o que el otro debió de saber, cuando era ignorante. Por tanto, la culpa niega la realidad, niega lo que naturalmente sucede. Nos hace sentir que somos, o son, incorrectos, erróneos, o intrínsecamente malos (pecadores, se dice en las religiones). Esta sensación de verse a uno mismo como algo erróneo o malo es tan insoportable, que el mismo programa del ego elabora un aparente modo de escapar: culpar a los demás, proyectar al exterior la culpa mediante el ataque mental.
El victimismo es la metodología del programa. Todos los pensamientos, creencias e impulsos que proceden de él te llevan a buscar fuera de ti la causa de tu emoción, sea la que sea. Esta manera de ver refuerza la creencia de que eres un cuerpo sobre el que la situación produce efectos, en lugar de verte como una mente que produce experiencias. Lo que lleva a la mente profunda a somatizar en el lugar en dónde te victimizas, el cuerpo (también llamado Apis).
El perdón es la sanación de la culpa, y ésta comienza al darnos cuenta de que, de haber algo “erróneo”, ¡es la misma idea de la culpa! Sólo es un error de percepción. La Sabiduría del Amor (también llamada Seraphis) está latente en cada uno de nosotros esperando a que hagamos uso de nuestro verdadero libre albedrío, la misma libertad fundamental que nos permitió separarnos aparentemente de la Fuente o la Unidad, (también llamada Osiris).
Este camino de regreso al amor, a la salud, es el camino o el proceso de perdonar. El perdón filosófico o transpersonal no tiene nada que ver con lo que se suele llamar perdón, en las religiones. Bien entendido, es un acto terapéutico que va quitando culpa en la mente para restaurarla y recordar la unidad esencial. Así el Juicio Final sería el final de los juicios, lo que en la religión egipcia se expresaba con la idea de un hombre que se osirificaba, equivalente al entrar en Nirvana de los Budistas.
En última instancia, el perdón transpersonal brota al comprender que no hay culpa, que nunca la ha habido, ni nunca la habrá, que “no tengo nada que juzgar, por lo tanto, no tengo nada que perdonar”. Cada uno hace lo que sabe y lo que puede en cada momento, en cada fase de su desarrollo, según su propia modalidad de conciencia.
Epícteto dijo: el que culpa a los otros de lo que le sucede es un ignorante (proyecta afuera la responsabilidad de lo que le sucede, culpa o acusa a los otros). El que se acusa a sí mismo es un caballero, (está aprendiendo a responsabilizarse de sus acciones y reacciones). Y el que no acusa a los demás ni a sí mismo, ése ha terminado su educación. Quiere decir, un Buda, un Cristo, no ve culpa afuera ni adentro, está despierto.
La terapia, acompañamiento a la Unidad:
En un contexto terapéutico el proceso del perdón sigue las siguientes fases, que podemos acompañar como terapeutas:
- Decisión: Quiero ver esto de otra manera.
- Presencia en la emoción. Liberar el resentir, la presión interior. Aceptar nuestro sentir emocional. La emoción oculta es lo primero que tenemos que perdonar. Aceptar que sentimos rabia, ira, miedo… “Yo siento… y acepto mi sentir”.
- Discernimiento. Exploración y reconocimiento de nuestros programas, creencias y proyecciones.
- Responsabilidad. Asumir totalmente la responsabilidad de nuestras percepciones, nuestro sistema de creencias y nuestras emociones. “Si el conflicto está en mi mente, el poder de sanar también está en mi mente.”
- Cambio de percepción. Toma de conciencia de nuestra percepción errónea. Introducir la visión y la lógica de los personajes y el mundo de las proyecciones, adentrarse en la filosofía y la visión de unidad.
- Comprensión-Compasión. Las prácticas de presencia a través de la meditación y la atención plena son importantes para invitar a estados de conciencia transpersonales.
Las herramientas terapéuticas:
Al fin y al cabo, toda psicoterapia tiende a proporcionar un punto de vista más objetivo; busca proporcionar una visión de la situación desde otro ángulo. En la terapia transpersonal se busca que este punto de vista sea el del Ser, de la Unidad. Para ello toma prestadas herramientas de varias escuelas de psicología y desarrollo humano. Y, en cierto modo, todas son útiles si funcionan y ayudan al proceso. Destacaremos:
- La silla vacía. Que sirve para cambiar nuestra percepción y ver lo que siente el otro. Me pone en el sentir del otros.
- Constelaciones familiares. Me permite comprender los programas heredados, etc.
- El árbol transgeneracional. Permite ver las dinámicas inconscientes sistémicas.
- Los actos simbólicos o psicomágicos.
- La sanación del niño interior; el perdón a los padres, focushing…
- Análisis transaccional, etc.
- Y técnicas energéticas de liberación de traumas…
- Informacionales: flores, homeopatía, kinesiología, etc.
- Meditación. Promueve el estado de coherencia natural.
- Cuarentenas, retiros, silencio.
- Ejercicio, dietas, deporte.
- Respiración holoscópica / holotrópica
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