LOS PRINCIPIOS DE LA HOMEOPATÍA
La palabra homeopatía viene del griego y significa <<sufrimiento similar>>, lo que refleja el principio filosófico clave que se encuentra tras el método homeopático: una sustancia puede curar el mismo sufrimiento que es capaz de causar.
Existen más de tres mil remedios homeopáticos, que proceden de muy diversas fuentes. Las preparaciones homeopáticas contienen cantidades infinitesimales de la sustancia original, tanto si esta es venenosa, como en el caso del remedio Belladonna, o si se trata de algo tan inocuo como la sal (Natrum Muriaticum).
Por ejemplo, si queremos preparar la sexta potencia centesimal de Arsenicum Album 6c, se añade una parte de arsénico a 99 partes de leche, azúcar o alcohol y pasa por un proceso de <<sucusión>> (se agita vigorosamente).
Este proceso se repite seis veces. El número que hay en la etiqueta de un remedio homeopático se refiere al número de diluciones por las que ha pasado, de modo que una potencia de 30ch ha pasado por el mismo proceso de dilución treinta veces. Aunque una potencia 30 sea más diluida que una 6, el aumento del número de sucesiones hace que tenga más fuerza, de modo que generalmente la 30 se tomará para problemas más graves que la 6.
Los remedios también pueden diluirse según la escala decimal: esto es, una parte por cada nueve.
En este caso, al lado del número habrá una x (por ejemplo, 6x). Hahnemann también ideó una tercera escala, la escala LM, en la que los remedios se diluyen una parte por cada mil. Sin embargo, lo que convierte a una medicina en homeopática no es cómo se hace, sino si se utiliza según los principios de la homeopatía.
Un remedio funciona sólo si encaja con el cuadro completo producido por el cuerpo de energía alterado. Mientras que el término <<medicina holística>> ha perdido gran parte de su significado como resultado de ser aplicado indiscriminadamente a las <<últimas>> técnicas terapéuticas, la homeopatía es holística en el verdadero sentido de la palabra.