Saber y no saber
Amados míos, todos y cada uno lleváis la respuesta dentro.
Muchas veces, de infinitas formas, en muchos lugares, se ha transmitido.
A veces con más fuerza, a través de un Ser humano que llegaba con todo el poder de luz y amor elevados para que a nadie le podía pasar desapercibido, como un tsunami de conocimiento y un resplandor divino, imposible de negar, imposible de esconder.
Otras veces llegaba más sutil, susurrando a través de los bosques, a través de las flores, a través de niños y niñas que sin palabras abrían corazones para depositar ahí en sus padres y en sus pueblos toda la corriente desde la fuente. Otras veces…
Bien. Podríamos seguir explicando y recordando. El viaje más lejano empieza desde el punto de un centro, y recolectando todas las experiencias, vuelve a casa, al mismo punto, al mismo centro.
No obstante, más cargado de sabiduría, más realizado, más conocedor de sí mismo, más satisfecho. Con este tipo de satisfacción que solo se siente cuando uno sabe que lo ha dado todo y lo inunde un dulce cansancio de saber que hay una misión cumplida.
Ahora, hoy, estás llamado a observarte.
Si te has perdido, puedes dar las gracias también, y llamar a esa luz en el centro de tu pecho, entregarle todas tus dudas, toda tu frustración, todos los pensamientos ofuscados de la mente que se olvida de la fuente de sus conocimientos.
Rendirse es, una vez más, un acto de amor y de reapertura, un acto de fe, un acto de sabiduría.
Y si estás en el momento «No sé nada», felicidades, puedes empezar de nuevo, un nuevo capítulo.
Luz