Eternamente
Eternamente, se mueve el Universo, eternamente se forman soles, galaxias, universos, creando, disolviendo, expandiendo, volviendo a un punto minúsculo, origen y final y nuevo comienzo.
Una mota de polvo, un puntito de luz que vuelve a expandirse, a crear nuevos universos.
Cuán minúscula es una vida humana en todo este juego, más todo un universo, toda la existencia fluye dentro de un ser humano.
Colócate en esa posición, quítate el drama de la cabeza cuando tus circunstancias no te dejan ver más allá de ti.
Eres parte de la inmensidad, no el centro de la creación.
Cuando te vuelves menos importante, tu contribución y presencia no tienen límites.
Tu parte entrelazada con la obra maestra del conjunto. Entrega.
Entrégate a la vida como una flor, abriéndote a la luz, a los primeros rayos de sol, a la lluvia, a los nutrientes que la Madre Tierra entrega a las raíces.
Cuánta belleza en la entrega de una flor.
No importa su tamaño, no importa su color ni cuántos días florece. La entrega es absoluta en esta gran obra de la creación.
Desde la semilla hasta todo el tiempo de florecer y hasta volver a entregar las semillas para el siguiente ciclo.
Entrelazando todos los elementos en una existencia absoluta, codificando geometría sagrada en sus pétalos y en sus hojas.
La observación de las flores y de la naturaleza es una contribución mucho más grandiosa de lo que los humanos suelen pensar.
En momentos de guerra interna, nada más alejarte del ajetreo, buscando un lugar de respiro en la naturaleza, o si no se da en ese momento, tan solo la imagen de una flor o de un paisaje pueden tener un efecto equilibrante.
Vuélvete más pequeño que la flor más pequeña que hayas visto, entra en el centro de la flor y disuélvete ahí. En el instante de disolverte y desaparecer en la flor más minúscula, ahí te puedes fundir con el universo entero, con toda la grandeza.
Cuando desaparece tu importancia como personaje, es cuando todo tu Ser aflora y todo el Universo conspira en entrega mutua, siendo tu contribución sin fronteras, sin límites, sin «yo» pequeño, siendo tu nota, no una nota aislada sino la música infinita en la sinfonía universal, desde siempre y para siempre.
Luz, madre naturaleza
Lina Weltschewa