Ahora, la dicha
Ahora es el momento. Siempre es ahora, no es nada nuevo. ¿Pero cuándo lo vais a poner en práctica? ¿Esperar hasta que la vida os dé una sacudida? No estáis aquí para esperar, estáis para practicar, para dar pasos de confianza, para sortear las piedras en el camino, para dejar fluir todos los dones divinos que están ahí.
¿Os queréis llevar vuestros talentos a la tumba? La vida es caerse y levantarse, pero mira qué maestros son los niños en eso: se caen, lloran, se levantan, y al instante pueden jugar, reír, saltar, danzar, abrazarse, y todo sigue.
¡Los adultos os habéis puesto tantos condicionamientos! ¿Dónde está el disfrute? Sin pensar en el disfrute ligado a la idea de culpa, placeres efímeros.
No se trata de condenaros por sentir placer.
El equilibrio es la cuestión y la respuesta, el equilibrio suave como el vaivén de pequeñas olas en la orilla.
¿Quién está más cerca de Dios: aquel que se permite un helado, lo disfruta con alegría y luego sonríe al mundo, o quien lo observa pensando con amargura: «Ese es un pecador, se deja arrastrar por placeres mundanos», mientras su cuerpo se contrae de juicio y rechazo?
Con calma, con suavidad y fluidez, abre tu campo mental al no juicio; tu alma te lo agradecerá. Notas la expansión y la relajación en tu cuerpo; la dicha se viene para instalarse en cada célula, en cada partícula de tu vida.
¿Por qué juzgarse por sentirse contento, por qué criticarse por ser feliz sin motivo aparente?
Recuerda que la dicha, la verdadera felicidad, es algo interno. Pero nadie dijo de rechazar los regalos externos que ayudan a cuidar la felicidad.
Guías y ancestros
Lina Weltschewa
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