SIEMPRE OCUPADOS, NUNCA PRESENTES
“LA PARADOJA DEL TIEMPO Y LAS FALTA DE PROPOSITO”
¿Qué pasa en nuestras consultes cuando el compromiso con uno mismo se postpone?
Vivimos en una era donde el “no tengo tiempo” se ha convertido en un mantra moderno. Lo repetimos con naturalidad, como si el día tuviera menos horas que antes, como si el tiempo fuera un recurso externo que simplemente se nos escapa. Sin embargo, cuando miramos más de cerca lo que realmente está detrás de la falta de tiempo, descubrimos algo más profundo
UNA FALTA DE PROPOSITO O DE CONEXION INTERNA QUE DISTORSIOINA NUESTRAS. Y PRIORIDADES
En consulta muchos profesionales observamos un patrón cada vez más común: las persones anulan o postergan sus sesiones, no por razones de emergencia, sino porque sencillamente “no les da la vida”. La paradoja es que justo esas mismas persones suelen estar atrapadas en rutinas improductivas, relaciones estancadas, consumos excesivos de redes sociales o demandes externes que ni siquiera les pertenecen.
Aquí es donde emergí la gran contradicción: decimos no tener tiempo para lo que podría ayudarnos a cambiar nuestra relación con el tiempo. Porque cuando alguien se compromete con un proceso terapéutico, ya sea desde la psicoaromaterapia o cualquier otra disciplina, está apostando por una forma de vivir más consciente, más alineada al bienestar y menos reactiva. Y eso inevitablemente, transforma la gestión de tiempo, porque deja de tratarse de cuándo tenemos y pasa a ser en que lo elegimos invertir.
EL IMPACTO DE LAS CANCELACIONES
Una visita anulada no solo representa una reorganización logística, sino que carga con un proceso emociona y económico. Además, cuando se repite muchas veces revela una resistencia más profunda al cambio. Y es aquí donde volvemos al propósito. Cuando una persona no tiene claro para que está en terapia (más allá del alivio momentáneo de un síntoma) es fácil que la consulta pase a un segundo plano frente a cualquier urgencia cotidiana. Pero cuando el proceso tiene un sentido interno, el tiempo se convierte en aliado y la sesión deja de ser “una cosa más en la agenda”, para convertirse en un espacio sagrado, reservado y protegido.
Cuando te dices:
“NO QUIERO SEGUIR VIVIENDO DE ESTA MANERA, A PATIR DE AHÍ, TODO PROCESO YA ES VALIOSO”