Elegir consciencia cuando todo te empuja a escoger bando
Hay noticias que nos empujan a escoger bando en dos clics. El cuerpo se tensa, el algoritmo celebra y la conversación se vuelve un paredón. Ese impulso es un mecanismo, no un destino. Elegir consciencia es frenar medio segundo antes del juicio, sostener la humanidad de palestinos e israelíes y recordar que la dignidad no es negociable en ninguna orilla.
¿Tu reacción es tuya… o del mecanismo?
Aquí conocemos el precio de la polarización. En Cataluña, la disputa entre independentismo y nacionalismo dejó algo más que consignas: familias partidas, amistades rotas, plazas convertidas en trincheras simbólicas. La lógica binaria hizo lo de siempre: reducir personas a etiquetas, principios a eslóganes, futuro a reproches. Sirvió para marcar territorio, no para curar. Esa experiencia nos enseña que buscar una posición central no es equidistancia vacía; es un acto de paz activa. Es estar lo bastante cerca del dolor para escucharlo y lo bastante lejos del ruido para no replicarlo.
Aplicado a Palestina, el centro consciente pide tres gestos. Primero, precisión: nombrar hechos comprobables sin deshumanizar a nadie. Segundo, contexto: comprender causas, efectos y asimetrías sin simplificar vidas. Tercero, responsabilidad: preguntarnos qué provoca lo que decimos, publicamos y financiamos. Es incompatible con la indiferencia. También con el odio. Y es compatible, siempre, con la compasión.
¿Qué construye paz hoy: más muros… o más abrazos?

Elegir el centro no diluye la urgencia; la afina. Permite condenar la violencia, exigir corredores humanitarios, apoyar a víctimas y, a la vez, negarnos a convertir al otro en cosa. Los conflictos no se resuelven levantando muros emocionales: se desactivan con gestos que devuelven rostro. Un testimonio escuchado de verdad. Una palabra que no reduce. Una ayuda concreta que evita más daño. En tiempos de trincheras, el abrazo es un posicionamiento: afirma que el otro existe y que tu seguridad no depende de borrarlo.
La alternativa la conocemos: más bandos, menos puentes, dolor administrado por turnos.
Si aquí no funcionó, ¿por qué funcionaría allí? Hacer clic no es solo compartir; es asumir que cada elección moral tiene consecuencias.
Elegir consciencia es elegir paz, incluso cuando la paz no está de moda.