CERRAR CICLOS

CERRAR CICLOS

 

“Cuando el cuerpo pide lo que la mente aún no comprende”

Cerrar un ciclo no es un acto mental ni una decisión racional que se toma de un día para otro. Muchas veces creemos que hemos “pasado página” porque lo hemos entendido intelectualmente, pero el cuerpo sigue manifestando cansancio, tensión, insomnio o una sensación difusa de incomodidad. Esto ocurre porque el cierre que no hacemos con la mente, lo intenta completar el cuerpo.

 

“El cuerpo es profundamente honesto”

 

No entiende de discursos internos ni de autoexigencias; responde a lo que ha sido vivido y no integrado. Cuando un ciclo queda abierto emocionalmente, el sistema nervioso permanece en alerta, sosteniendo información que aún no ha sido procesada. Por eso, algunos finales no resueltos reaparecen como síntomas físicos o estados emocionales persistentes.

 

Cerrar ciclos empieza, en gran medida, por revisar la narrativa interna. Las palabras que utilizamos para explicarnos lo vivido pueden mantenernos anclados al pasado o ayudarnos a integrarlo.

 

No es lo mismo decir “fracasé” que “este ciclo cumplió su función”

 

El lenguaje no solo describe la experiencia: la estructura. Cambiar la narrativa no es negar lo ocurrido, sino darle un sentido que permita al cuerpo soltar la tensión.

 

Aun así, soltar no siempre es fácil. Muchas personas se preguntan por qué cuesta tanto dejar atrás situaciones, relaciones o etapas que ya no aportan bienestar. La respuesta suele estar en los apegos emocionales: a lo conocido, a la identidad construida en ese ciclo, o a la seguridad que ofrecía, incluso cuando era incómoda.

 

“Soltar implica atravesar un vacío, y ese espacio de transición suele generar resistencia”

 

Desde mi experiencia personal —como alguien que también ha atravesado procesos de cierre y transformación— y desde mi formación profesional en acompañamiento emocional, he podido observar que los finales necesitan ser sostenidos, no forzados. No hablo desde la teoría, sino desde la vivencia integrada con el conocimiento. Esa combinación es la que me permite acompañar procesos reales, humanos y respetuosos.

En este contexto, la aromaterapia emocional, aplicada por un profesional especializado, se convierte en un apoyo profundo y sutil. El olfato tiene una conexión directa con el sistema límbico, donde se almacenan memorias emocionales y respuestas automáticas. Un aroma adecuado facilita estados de regulación y seguridad, indispensables para que el cuerpo pueda integrar un cierre sin entrar en resistencia.

 

“El aroma actúa como un puente entre lo que fue y lo que es”

 

No impone cambios ni acelera procesos; acompaña con suavidad la toma de conciencia, permitiendo que emociones no verbalizadas encuentren un espacio para completarse.

Sostener un final es tan importante como iniciar algo nuevo. Por eso, el acompañamiento profesional marca la diferencia. Cerrar ciclos sin romperte es posible cuando respetas tus tiempos internos y eliges herramientas que dialogan con tu cuerpo, tu emoción y tu historia.

 

“Porque todo ciclo que se cierra con conciencia no termina: se transforma”

 

África

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