AL DINERO LE GUSTA EL BUEN ROLLO
“EL MAL ROLLO LO DEPRIME”
¿Te ha pasado que a fin de mes tu cuenta bancaria parece más una historia de terror que un estado financiero? Bueno, no es que el dinero te odie… es que el dinero, como tú, ¡tiene sentimientos! Y adivina qué: al dinero le gusta el buen rollo. El mal rollo, en cambio, lo espanta.
Dinero y energía: una historia de amor
El dinero no es más que energía, dicen los gurús modernos. Y como toda energía, busca vibraciones agradables, buenos ambientes y gente que no se pelea con la vida como si fuera un reality show. ¿Quieres atraer más dinero? Empieza por no vivir con cara de lunes a las siete de la mañana.
El dinero no quiere drama, quiere comedia ligera. No le va el “no tengo ni para el bus”, pero sí le gusta el “estoy agradecido por lo que tengo y abierto a que venga más (sin robar, claro)”.
Lo que al dinero no le gusta…
Gente que se queja todo el día (“estoy pelado”, “todo está carísimo”, “el dinero solo llega para irse”). Imagínate que fueras el dinero. ¿Irías donde no te quieren?
Ambientes tóxicos: discusiones, envidias, peleas por herencias que ni han llegado.
Vives de escasez. Si siempre estás diciendo “no puedo”, “no tengo”, “nunca me alcanza” … el dinero dice: “Ah bueno, entonces me voy a alguien que sí me valore”.
Lo que al dinero le encanta…
La gratitud: El dinero ama que lo aprecien. Si cuando llega lo tratas bonito (y no lo malgastas como si fuera TikTok un viernes por la noche), él considera volver.
Gente que se ríe, que vibra alto, que confía. El dinero dice: “Esta persona tiene buen rollo, voy a traer a mis amigos”.
Proyectos con propósito. No es que el dinero solo quiera pachanga, también le gusta hacer el bien, aportar valor al munco. Si lo usas para algo bonito, vuelve con más.
El dinero es como un gato
No le grites. No lo persigas desesperado. No lo ignores. Dale espacio, buen ambiente, un sillón metafórico donde sentirse cómodo… y aparecerá. A veces cuando menos lo esperas, ronroneando desde un ingreso inesperado, un proyecto nuevo, o ese cliente que parecía dormido y ¡pum! te paga todo junto.
Y si no me crees, pregúntale a tu tarjeta de crédito cómo se siente después de tu último berrinche.