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Pilar Sordo – Qué pasa con los Jóvenes

Los jóvenes, el alcohol y la tecnología. “Esto de regalar flores y sentir que hice un regalo cuando no mandé nada, o caritas contentas o tristes modifica mi estado emocional. Es sicótico.

Uno tiene que tener la capacidad de controlar y frenar cuando entra al sistema y cuando no. Y hacerle entender a la gente que te escribe que no vas a contestar de forma inmediata. Me parece increíble que la gente se enoje. Es algo que te va atrapando y haciendo perder la sensación de voluntad”

Pilar Sordo nació en Chile. Es psicóloga, escritora y conferencista. Forma parte del cuadro de honor de las 21 personas más influyentes de su país y se convirtió en un claro referente a la hora de efectuarle consultas sobre temas relacionados con la psicología femenina, las cuestiones de familia y pareja, las sexualidad adolescente y adulta, entre otros.

Además, es autora de varios libros, entre los que se encuentran Viva la diferencia, No quiero Crecer y Lecciones de Seducción.

Comentarista del comportamiento típico en distintos países de Latinoamérica. Sus obras están expresadas en un lenguaje para “Todo Publico”; utilizando sus propias experiencias para conducir investigaciones, analizarlas y construir conclusiones.

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Tus padres no son perfectos, pero hicieron lo mejor por ti

Vamos por la vida como si hubiéramos llegado aquí por arte de magia, creyendo que todo lo obtenemos de nuestros padres es nuestro derecho. Quizás esa sea cierto hasta cierta edad; sin embargo, cuando ya tenemos conciencia de todo lo que nuestros padres hacen por nosotros, deberíamos actuar con más consideración y respeto hacía ellos.

Por fortuna, a todos nos llega una edad donde -a la fuerza o por las buenas-, nos damos cuenta de cómo es la vida real de un ser humano. A algunas personas les llega con la mayoría de edad, mientras que otros se dan cuenta con un fuerte golpe de la vida.

Lo cierto es que llega un momento en la vida donde esa frase que solían decirnos nuestras madres en la adolescencia se cumple como una suerte de presagio:«Solo cuando tengas hijos entenderás». Y si, efectivamente, solo cuando se es padre o madre uno se entera de lo que «cuesta» serlo.

Los padres no son perfectos

Y no esperamos que lo sean. Es cierto que cuando somos niños idolatramos a nuestros padres, ellos son el reflejo de la persona que aspiramos llegar a ser; pese a eso, esa visión cambia cuando llegamos a la adolescencia y comenzamos a entrever sus fallas.

Comenzamos a notar que muchas veces nos piden que hagamos cosas que ellos no hacen, que de vez en cuando nos mienten, aunque insisten en que seamos honestos con ellos. Es entonces cuando comenzamos a reprocharles sus fallas. A esa edad nos sentimos los dueños del mundo y creemos que jamás sintieron o pensaron como nosotros. ¡Ja! Solo en la edad adulta nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Si, ellos no son perfectos; pero de hecho saben mucho más que nosotros tanto por su edad como por sus experiencias. Por eso, por todos sus dolores y sufrimientos es que tratan de que nosotros hagamos las cosas que ellos no hicieron, que no cometamos los errores que ellos cometieron; ellos desean que tengamos una vida que ellos no tuvieron.

Todo lo que tuviste y tienes lo debes a tus padres

Aunque te cueste reconocerlo o el orgullo no te lo permita, si tienes cierto grado de estudio o una mejor posición económica e incluso una familia más estable y una casa más bonita; todo lo debes a tus padres y te voy a decir la razón.

Tus padres en primera te dieron la vida. Muchas veces se fueron a la cama agotados de cansancio tras cuidarte después de una enfermedad, dejaron de comprarse cosas que necesitaban para que tuvieras cubiertas tus necesidades.

Además de eso, asumieron deudas increíbles para que fueras a estudiar esa carrera que deseabas, y aunque fuera algo que no querías estudiar lo hiciste porque de una forma u otra tenías la certeza que eso te iba a llevar a un mejor futuro.

Puede ser que ahora que lees esto digas: «¡Ah! Es que no pedí venir al mundo, esa era su obligación». Sí, no pediste nacer, pero ellos bien hubieran podido optar por ser las personas más despiadadas y descuidadas contigo (tu sabes que hay «padres y madres» que no merecen ese título). Pese a eso, hicieron por ti lo mejor que pudieron con sus medios, su educación, las enseñanzas que recibieron de sus padres y de las experiencias de su vida.

Yo hace unos años conocí a una madre que se sacrificaba de más por un par de hijas mal agradecidas que tenía. Si ella tenía un par de zapatos nuevos, ellas se los ponían y dañaban sin que esa señora chistara ni tan siquiera un poco. Muchas veces la vi acostarse a dormir sin haber comido nada porque ella se sacrificaba para que los demás comieran. Sí, ella ciertamente se sacrificaba mucho por sus hijas aunque no lo merecieran.

Lo quieras o no, estás en deuda

Esto no es algo que lo diga alguna ley (aunque en algunos países cuando eres adulto y tus padres están desamparados, debes mantenerlos aunque ellos no se hubieran hecho cargo de ti de pequeño), pero es una obligación moral que todos tenemos con ellos. Y no es porque se hayan ido a la cama sin comer, o se hayan endeudado para darnos lo que ellos no tuvieron; es porque son nuestros padres.

Más allá de lo que concierne al dinero o a los sacrificios, ellos hicieron y hacen todo por amor a nosotros. Cuando se es padre se ama y se hacen sacrificios hasta el último día de vida.

Ahora bien, no es que estés obligado a «pagar esa deuda», lo haces o no lo haces, tal y como ellos hicieron contigo; eso ya es cosa de cada ser humano y de lo que tenga en su corazón. Nadie debe dar nada por obligación.

Hay personas que no fueron cuidados por sus padres y en cambio fueron sus tíos y abuelos los que vieron por ellos. En algún momento de la vida resurgen sus padres, y ha sido tal la crianza que recibieron de parte de sus cuidadores que terminan dando bondad, cuidado y amor a los padres que jamás vieron por ellos. También hay personas que no responden de igual manera, pero eso es cuestión de índole personal y no nos corresponde juzgarlos por sus decisiones.

La vida no es fácil

Es posible que la vida no nos trate como hubiéramos querido; sin embargo, para hacernos el camino más fácil, pone en éste a nuestros padres.

Ellos se esmeran por ser mejores que sus antecesores, no porque se avergüencen; solo aprendieron de los errores que tus abuelos cometieron con ellos. Así mismo harás tú. Darás a tus hijos lo mejor de ti y en eso tienen mucho que ver tus antepasados, porque son años de conocimiento que se pasan de generación en generación, siempre con mucho amor.

Sé que de una forma u otra eres consciente de los sacrificios que tus padres hicieron por ti, pero no esperes a su muerte para hacerte decir: «Gracias por todo, los amo».

Ve a verlos, visítalos, abrázalos y diles cuanto les amas, hoy. Tú, que ahora eres padre o madre, sabes lo que ellos pasaron contigo y no estaría de más que se lo hicieras saber.

Te deseo lo mejor.

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Nada de pantallas antes de los dos años: por qué es peligroso exponer a los niños a dispositivos

El debate surge en cada reunión social o salida a comer en familia. Ya no llama la atención ver niñas y niños pequeños con tablets o teléfonos celulares en la mesa del restaurante, o en un sillón contiguo a donde comen los adultos, en una cena de amigos. O en el colectivo. O en la sala de embarque previo a tomar un avión.

O en la espera del médico. El “chupete electrónico” reemplazó a los autitos, rompecabezas, hojas y lápices de colores y demás artilugios a los que recurrían los padres -hasta no hace mucho tiempo- para entretener a sus hijos en las salidas o viajes.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) volvieron a alertar acerca de la exposición de niños a pantallas, que puede ser perjudicial para el desarrollo infantil si no se controla adecuadamente. Destacaron que hasta los dos años no deben estar expuestos a estos dispositivos, mientras que entre los dos y cinco años el máximo aceptable es una hora diaria, siempre con contenidos de alta calidad didáctica, apropiados para su edad y acompañados por un adulto responsable.

El desarrollo del cerebro del niño depende en parte de las experiencias que vive y la pérdida de momentos de juego creativo tiene un fuerte impacto en su fortalecimiento
“Por ‘pantallas’ nos referimos a cualquier dispositivo electrónico digital que proyecte imágenes, como televisores, computadoras, tablets, teléfonos celulares y videojuegos, entre otros. Lamentablemente, su uso comienza cada vez a edades más tempranas, a pesar de las recomendaciones actuales al respecto”, explicó el médico pediatra Nicolás Cacchiarelli, prosecretario del Comité de Crecimiento y Desarrollo de la SAP.

Las pantallas impactan negativamente por el contenido de lo que ven o hacen los niños mientras utilizan estos dispositivos y también por todo lo que dejan de hacer, como el desarrollo de vínculos afectivos con los demás, juegos creativos, lectura, estudio y actividad física, etcétera. El desarrollo del cerebro del niño depende en parte de las experiencias que vive y la pérdida de momentos de juego creativo tiene un fuerte impacto en su fortalecimiento.

Si bien aún se están estudiando los mecanismos que intervienen para que la exposición a pantallas por sobre las recomendaciones produzcan efectos nocivos en la salud, entre las conclusiones preliminares se halló que el cerebro interpreta la luz azul de las pantallas como que “es de día” y por eso se producen alteraciones en el sueño. Además, se están empezando a describir problemas visuales más tempranos, contracturas musculares y tendinitis. En cuanto a los efectos producto por todas las otras actividades saludables que se dejan de hacer, aparecen niveles importantes de sedentarismo, obesidad, depresión, ansiedad, trastornos vinculares y afectación general en el desarrollo cognitivo, emocional y social del niño.

“El uso de pantallas a cualquier edad produce un efecto inmediato de detención del movimiento y de desconexión de lo que está ocurriendo alrededor. Esto, que a primera vista puede resultar ‘práctico’, impacta directamente en áreas sensibles del desarrollo de los niños pequeños como la calidad del sueño y el desarrollo del lenguaje y en la edad escolar, en la capacidad de concentración para el aprendizaje”, detalló Laura Krynski, secretaria de la Subcomisión de tecnologías de la Información (TICs) de la SAP.

El uso de pantallas a cualquier edad produce un efecto inmediato de detención del movimiento y de desconexión de lo que está ocurriendo alrededor
En enero de este año, se había difundido una investigación denominada Asociación entre tiempo de pantalla y performance de los niños en una evaluación de desarrollo, publicada en JAMA Pediatrics, que evaluó a 2441 madres y niños menores de cinco años de Canadá y concluyó que hay una asociación directa entre el tiempo de pantalla al que se someten y el desarrollo cognitivo de los niños.

“Las cifras que arroja este estudio son alarmantes, dado que muestra, por ejemplo, que los niños de dos años se encuentran expuestos a pantallas en promedio alrededor de dos horas y media por día, y a los tres años, más de tres horas y media diarias. Y aquí se demostró la siguiente asociación: cuanto mayor es el tiempo de exposición a las pantallas a los dos y a los tres años, menor es el rendimiento encontrado en las pruebas de evaluación del desarrollo de esos mismos niños al ser evaluados a los tres y a los cinco años respectivamente. Si bien estos datos son de Canadá y no contamos con estadísticas locales al respecto, todo indica que en nuestro país la situación sería muy parecida”, aseveró el médico pediatra Esteban Rowensztein, especialista en desarrollo infantil y secretario del Comité Nacional de Pediatría General Ambulatoria de la SAP.

Los especialistas de la SAP destacaron que en caso de utilizar pantallas, la actividad debería estar asociada a los juegos propios de cada edad. Por ejemplo, sería preferible pintar, leer un cuento o armar un rompecabezas en la tablet, en lugar de permanecer inactivo mirando videos en reproducción automática.

Para Krynski, el juego y las actividades al aire libre son irremplazables en cualquier etapa del desarrollo, ya que estimulan las habilidades motrices y la sociabilización con los pares, así como también ayudan en el desarrollo emocional en esta etapa tan sensible de la vida.

“Cuanto más actividad física y movimiento, menos uso de pantallas. Dentro del hogar, las propuestas alternativas son las que convocan la creatividad: lectura compartida, rompecabezas, encastres, plástica, juegos de rol, etc. Deben ser adecuados a cada edad para que representen un desafío -consideró-. Los juegos tradicionales ‘de crianza’ estimulan el vínculo con el otro y ayudan a resolver situaciones problemáticas y a interactuar con los pares. En el otro escenario, el juego electrónico es altamente adictivo desde su diseño secuestrando la atención de los niños y aislándolos de su entorno, y a su vez produce altos niveles de frustración ya que nunca es suficiente”.

Respecto de los niños mayores, el riesgo que entrañan estos dispositivos -de acuerdo a la opinión de los especialistas- es la posible exposición a contenido inapropiado para su edad (violencia o sexo), así como también ser víctimas de ciberacoso.

El juego electrónico es altamente adictivo desde su diseño secuestrando la atención de los niños y aislándolos de su entorno.

Otro aspecto a considerar, en opinión de Rowensztein, “es que no son sólo los niños los que utilizan inadecuadamente estos dispositivos. Muchas veces son también los adultos quienes los utilizan en exceso, afectando notablemente el tiempo y la calidad de los momentos de encuentro compartidos con sus hijos”. “Además, al representar el modelo que los niños toman, los padres indirectamente avalan y legitiman en ellos el uso excesivo. Cada vez vemos más adultos conectados a los dispositivos y desconectados de sus hijos. Los adultos debemos dar el ejemplo”, sostuvo.

“Además de la habitual exposición directa a las pantallas a través de su uso, existe un fenómeno que se denomina ‘exposición indirecta’, que implica que el menor consuma ese contenido cuando su cuidador está utilizándolo. Por ejemplo, un televisor encendido capta la atención del menor aunque se le proponga la realización de otra actividad. Esto interfiere en el circuito de comunicación reduciendo el tiempo de conversación, a la vez que limita la atención sostenida de los niños en el juego”, aseguró la médica pediatra Marcela A. Caffulli, diplomada en neurodesarrollo infantil, miembro titular del Comité de Crecimiento y Desarrollo de la SAP.

En contrapartida, utilizados en forma adecuada, siguiendo las recomendaciones que existen para cada edad, sin excesos y con el acompañamiento y supervisión de un adulto responsable, estos dispositivos pueden ofrecer distintos beneficios. “Han democratizado y simplificado el acceso a la información, en algunas situaciones favorecen la socialización, facilitan el trabajo colaborativo, promueven la adquisición de habilidades técnicas y ofrecen muchas posibilidades en el ámbito de la educación”, opinó Rowensztein.

¿Cuánto tiempo deben pasar nuestros hijos delante de las pantallas? Responde Dimitri Christakis

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La familia es la mejor escuela para aprender a manejar las emociones

La familia es la mejor escuela para aprender a manejar las emociones.Laura Rojas-Marcos.

A través de sus libros, entre los que destacan: ‘La familia’, ‘Somos cambio’, ’Hablar y aprender’, Rojas-Marcos nos brinda la oportunidad de observar diferentes aspectos de la condición humana: cómo favorecer una autoestima positiva, el impacto que tienen las relaciones familiares en el desarrollo emocional o qué es la asertividad y cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que sean más asertivos. “Las personas asertivas saben lo que quieren, saben lo que piensan y se toman el tiempo para pensar, para decidir y para actuar”, reflexiona.

Laura Rojas-Marcos ha sido seleccionada entre las Top 100 Mujeres Líderes en España y colabora con instituciones dedicadas a diversos temas sociales y de salud mental.

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Aborto – ¿Qué piensan los que no piensan como yo?

Aborto – ¿Qué piensan los que no piensan como yo? Los humanos estamos perdidos en la niebla. ¿Hay respuestas para todas las cuestiones? ¿Sabemos escuchar a quienes piensan diferente? ¿Qué argumentos validan nuestros pensamientos?

Un debate a fondo y respetuoso sobre los temas más controvertidos de nuestra sociedad y una invitación a desafiar nuestras más profundas convicciones.

Conduce: Diana Cohen Agrest. Serie basada en el libro “¿Qué piensan los que no piensan como yo?”, de la filósofa Diana Cohen Agrest.

Aborto – ¿Qué piensan los que no piensan como yo?