CUANDO LA TORRE CAE
UNA VIDA PROFESIONAL ENTRE RUINAS, FUEGO Y RENACIMIENTO
A lo largo de la vida, hay momentos que no se pueden endulzar ni explicar con frases bonitas. Son quiebres, puntos de no retorno, sacudidas que descolocan la identidad entera. En mi caso, esa sacudida ha llegado por segunda vez. La primera fue a los 42 años. La segunda, ahora, a los 58. Ambas veces, mi vida profesional se vino abajo sin previo aviso, como una torre alcanzada por el rayo.
Los místicos no necesitarían muchas palabras para describirlo. Bastaría con una sola carta del Tarot: el Arcano XVI, La Torre. Una estructura que colapsa. Un rayo divino. Dos figuras que caen. Ruina. Caos. Y un antes y un después imposible de ignorar.
EL DOLOR DE LA CAIDA
Cuando tu profesión —esa parte de ti que has nutrido con estudio, pasión, experiencia y entrega— se desmorona, no es solo un trabajo lo que pierdes. Se tambalea el sentido de pertenencia, el propósito, la seguridad. Te quedas a la intemperie emocional, con el alma en carne viva y una vulnerabilidad que no se puede disimular.
No es solo una crisis externa. Es interna. Es existencial. El ego se fragmenta, y con él, también se abren grietas en la confianza, en los sueños, incluso en el cuerpo. Todo duele. Y lo peor es que, al principio, parece que no hay suelo donde caer. Solo vértigo.
MUERTE Y NACIMIENTO
Pero hay algo que La Torre también enseña, y no suele decirse lo suficiente: lo que se derrumba es siempre algo que ya no podía sostenerse. Quizás por dentro ya estaba hueco. Quizás resistíamos el cambio. La vida, sabia y brutal a la vez, lo empuja todo al abismo cuando es hora de renacer desde otra parte.
Este segundo colapso no me ha dejado ilesa, pero tampoco vacía. De sus cenizas ha emergido una nueva versión de mí: más creativa, más libre, más intuitiva. Vulnerable, sí. Pero también valiente. Porque cuando ya no tienes nada que perder, te lanzas a la aventura sin necesidad de controlarlo todo. Y ese espacio incierto, que antes daba miedo, se ha vuelto fértil.
EL RESURGIR CREATIVO Y EL ACEITE ESENCIAL DE LAUREL COMO MI GUIA
Como psicoaromaterapeuta, no solo he transitado esta caída con la mente y el corazón, sino también con el cuerpo y el alma. He sentido la necesidad de anclar esta experiencia, de darle forma interna. Y para ello, he encontrado un gran aliado: el aceite esencial de laurel.
El laurel es el aceite del coraje y la claridad. Arquetípicamente, conecta con la sabiduría del guerrero, con la voz interior que permanece firme incluso en el desorden. Ha sido mi compañero silencioso en este tránsito: lo he olido, lo he invocado, lo he llevado conmigo en rituales personales. Me ha ayudado a sostener la dignidad entre las ruinas, y a recordar que, incluso cayendo, una puede mantenerse íntegra.
La aromaterapia no es un simple recurso; es una forma de regresar a uno mismo cuando todo alrededor se derrumba. En el aroma del laurel he encontrado fuerza para mirar el caos sin rendirme, y la inspiración necesaria para volver a escribir mi camino con autenticidad.
LA VIDA DESPUES DE LA TORRE
Dicen que después de La Torre, en el Tarot, llega La Estrella. Un símbolo de esperanza, belleza y guía interior. Hoy no necesito ver el horizonte claro. Me basta con sentir la brisa del presente y saber que, incluso entre escombros, hay semillas germinando.
Si estás leyendo esto y has vivido —o estás viviendo— una caída similar, no te resistas a ella. Llora lo que se ha ido. Duélete. Pero escucha también lo que empieza a susurrar desde adentro. Quizás, como yo, estés a punto de descubrir que el colapso no era el final… sino el permiso que necesitabas para empezar de nuevo, desde ti.
Y si en el camino necesitas una guía sutil pero poderosa, detente, respira… y deja que el laurel te recuerde quién eres.