EL ARCOIRIS Y EL PROCESO TERAPÉUTICO
UNA METAFORA DE LA INTEGRACION EMOCIONAL
Ayer, mientras contemplaba un arcoíris tras una tormenta, una imagen poderosa emergió en mi mente como psicoaromaterapeuta: el arcoíris no es solo un fenómeno natural, sino también una metáfora útil para comprender el proceso terapéutico y la integración emocional del ser humano.
Nosotros, los profesionales que nos dedicamos exclusivamente a este sector, acompañamos a las persones a transitar sus “tormentas” internes, enfrentando emociones difíciles, conflicto y momentos de crisis. Así como la lluvia y el sol se combinan para crear el arcoíris, durante el proceso de terapia distintas emociones, pensamientos y experiencias, a veces contradictorias, se integran para formar un sentido de totalidad y bienestar.
El arcoíris nos recuerda que la diversidad emocional es esencial y que, aunque las dificultades sean inevitables, pueden dar paso a nuevas posibilidades y crecimiento. Cada color puede interpretarse como un aspecto de la experiencia humana:
La tristeza, la alegría, el miedo, la esperanza, la ira o la paz.
Reconocer y aceptar estos diferentes “tonos” emocionales es fundamente de la terapia.
Inspirada en esta reflexión, me atreví a asociar cada color del arcoíris con un aceite esencial específico que simboliza esas emociones. Por ejemplo, el azul podría relacionarse con la lavanda para la calma, el amarillo con el limón para la alegría, o el naranja con la mandarina para el optimismo.
Imaginar una mezcla en un roll-on que pudiera olerse e incluso aplicarse en el cuerpo abre una dimensión sensorial complementaria al trabajo emocional en terapia, facilitando la conexión con esas emociones y promoviendo la integración y el bienestar.
Por supuesto, esto no dejar de ser un juego experimental, una invitación a buscar y crear nuevos recursos que enriquezcan el camino hacia el autoconocimiento.