El Perdón como Proceso
El perdón puede necesitar un instante… o un recorrido, similar a las fases del duelo, que se ha de caminar acompañando a nuestro paciente.
Destacamos tres aspectos:
- la aceptación
- el poder de la palabra
- el perdón propiamente dicho.
Aceptación y emoción oculta
“Acepta. Sólo tu alma sabe por qué vive lo que tiene que vivir”.
La aceptación es no resistirse al flujo de la vida, no resistirse a “lo que es”. Es una actitud abierta, respetuosa y poderosa. Al contrario de la resignación que es debilitante, rencorosa y enfermiza. La aceptación expande, la resignación contrae. En terapia es importante llegar a la aceptación de las circunstancias que he vivido y que vivo.
Además, es importante aceptar la emoción oculta. Cuando nos encontremos enfermos o desarmonizados, podemos reflexionar: ¿en qué no somos coherentes? En nuestro cliente o paciente veremos más claramente la incoherencia, ya que es difícil percibirla en uno mismo. Sabemos que si hay enfermedad existe una incoherencia profunda e inconsciente. Podremos encontrar y propiciar la toma de conciencia de esas emociones ocultas que hay detrás de todo acontecimiento traumático o estresante.
La emoción oculta tiene que ver con esa emoción que no pudimos gestionar en la infancia. O bien con esa emoción que “lesiona” la imagen que tenemos de nosotros mismos: imagen que construimos para ser queridos y aceptados. La mente (el ego) tapa o evita esa emoción que considera “inaceptable”, aunque el corazón la sienta. “Siento odio”, pero la mente no lo puede aceptar: “yo no odio, eso es malo”, y entonces entramos en incoherencia cardíaca. En el núcleo de toda incoherencia está la defensa de nuestra propia imagen. Por eso el perdón, en otras palabras, es renunciar al ataque y a la autodefensa, en nuestra mente.
Por ejemplo, si me he construido y me he identificado con una imagen de mí pacífica y benévola, me será muy difícil aceptar emociones como la ira o el enfado. Esto suele suceder a las personas que incurren en el llamado bypass espiritual. Se refiere a un mecanismo de salto de lo personal no resuelto a lo espiritual, siendo en realidad un salto en falso, una huida. Ocurre a menudo en las personas “demasiado positivas” o en las “complacientes” que “solo miran por los demás”, olvidándose por completo de sí mismas. En realidad, viven un alto grado de incoherencia: el desamor hacia uno mismo.
El Perdón como Proceso: La resistencia
La resistencia o represión de una emoción o pulsión interior es el camino hacia la enfermedad. Esto se corresponde con la Primera Ley Biológica de Hamer (toda somatización comienza con un psico shock, una emoción que niego o reprimo). Y desencadena la enfermedad que es ciertamente la solución adaptativa y llamada de atención que el organismo nos ofrece para restablecer la coherencia. Recordemos que éticamente sí hay que controlar esas emociones para no molestar a los otros seres humanos, pero no reprimiendo sino canalizando o sublimándolas.
Así, detrás de toda patología hay una historia de emociones mal gestionadas. El corazón no entiende de razones, el corazón siente. Cuando nos sintamos enfermos podemos conectar con nuestro corazón y preguntarnos: ¿De qué se trata, de qué me está hablando todo esto? Sentir silenciosamente… Sentir es el verbo para escuchar al corazón. Por eso, la enfermedad nos viene a curar. Nos hace ser sinceros con nosotros mismos y nos lleva a tomar conciencia.
El terapeuta no podrá acompañar a otros si no está muy entrenado en su propio sentir. Si no ha hecho en sí mismo ese trabajo de auto-honestidad profundo, que es una forma de vivir. Y llevará a su cliente tan lejos como él haya podido llegar. Tiene que hacer consciente lo inconsciente. Propiciar en otro la liberación de la emoción oculta, los nudos de energía, los impactos congelados, los programas implantados, protegidos por las Creencias. Cuando todo sale a la luz y es abrazado e integrado, entonces el conflicto se puede transformar. La persona se predispone a la coherencia.
Y destaquemos algo muy importante: Después de la toma de conciencia hay que pasar a la acción. No basta con saber, hay que actuar, hay que ser. Es necesario vivir y reflejar esta nueva comprensión en la vida cotidiana, plasmar esta nueva percepción en el mundo. Por eso invitaremos o prescribiremos actos como puedan ser: escribir una carta, visitar un cementerio, desprenderse de una ropa vieja, etc.
El Perdón como Proceso: El poder la palabra
“Todo aquello que no se expresa se imprime en nuestra neurología. Es una ley fundamental: lo que no se expresa, se imprime.”
[Enric Corbera]
“La importancia de la palabra es notable. Psicológicamente, somos el conjunto de nuestras palabras, y cualquier enfermedad es una palabra, no dicha por la boca, sino por el cuerpo.”
[Christian Fléche]
En la terapia profunda, el poder del silencio opera conjuntamente con el poder de la palabra. Gracias a las neuroimágenes, hoy sabemos que no es necesario un estímulo real para que el cerebro reaccione. Basta con nombrar o visualizar algo (o alguien) para que se activen las redes neuronales correspondientes. La palabra crea realidad y la expresa. Para el inconsciente lo virtual es igual a lo real.
En terapia, muchas veces descubrimos que detrás de un conflicto existe una palabra que lo inició todo: una palabra no dicha, una emoción no expresada, un trauma silenciado que incluso ha encarnado en el cuerpo para poder ser escuchado.
El hecho de escuchar con atención y sin juzgar a nadie es terapéutico en sí mismo. El hecho de expresar con libertad es un factor curativo fundamental, no juzgarse es liberarse y perdonarse. Y a la expresión le sigue el perdón, esta es la tercera clave: el que perdona se cura.
Mas artículos encuentras AQUI