Parte 1 EL PERDÓN: proceso sanador, herramienta terapéutica

Parte 1

EL PERDÓN: proceso sanador, herramienta terapéutica

  

Inteligencia cardíaca:

 

Quizá es conveniente, antes de abordar el concepto de perdón y para entenderlo mejor, revisar el de “inteligencia cardíaca”. En los ámbitos científicos y terapéuticos se sabe que esta inteligencia cardíaca no es una expresión poética o simbólica, sino que la neurocardiología ha demostrado la existencia en el corazón de una forma de inteligencia. Es diferente a la atribuida al cerebro, con mucha más influencia en nuestra vida de la que podíamos imaginar. Ambas inteligencias, la del cerebro y la del corazón, se complementan, pero el mando se sitúa en el corazón. Ya que éste genera un campo electromagnético que afecta y gobierna todo el sistema.

 

“El cerebro en el corazón” es un sistema nervioso cardíaco con neuronas, neurotransmisores, proteínas y células de apoyo similares a las del cerebro, mediante el cual el corazón siente, percibe, procesa, recuerda, decide y aprende de forma independiente y autónoma. Así, el corazón hace mucho más que bombear sangre al organismo. En realidad, está muy ligado a los procesos de regulación y sanación de diferentes formas.

EL PERDÓN: proceso sanador, herramienta terapéutica

 

Hasta ahora se pensaba que el sistema de entrada de información estaba por completo en el cerebro, pero ahora sabemos que el corazón recibe información en primer lugar y luego la transmite al cerebro. La investigación científica apunta al corazón como centro fundamental de inteligencia en los seres humanos. Una inteligencia cardíaca rápida, intuitiva y práctica, que nos orienta en la toma de decisiones de una manera tan precisa como efectiva. Conectar con la inteligencia del corazón, por lo tanto, supone abrirse a una mayor sabiduría para la vida.

 

Esta inteligencia se activa cultivando las cualidades del corazón: la intuición, la gratitud, la confianza, el coraje, la inocencia, el servicio, la empatía, la solidaridad, el humor, la amabilidad, la bondad…

 

Y la puerta que conduce a esas cualidades es esta: el perdón. Entendiendo el perdón como estado mental-emocional donde no hay juicio, no hay culpa ni hacia uno mismo ni hacia afuera, por tanto, hay paz. En esta paz florecen las cualidades mencionadas: humor, empatía, confianza…

 

 

El trabajo desde el corazón:

En una terapia profunda o transpersonal es muy importante llegar comprender que, tanto lo biográfico, lo familiar, el contexto perinatal (proyecto sentido) y, en suma, cualquier forma de programación o influencia que hayamos recibido, no es una desgracia. Es decir, el paciente puede soltar la culpa, y devolver la coherencia a su corazón cuando comprende, acepta y suelta esa pesada carga que son los juicios. Comprende que nada de lo ocurrido (una enfermedad, un divorcio, un accidente…) es casualidad. En la terapia transpersonal percibimos cualquier caso como la oportunidad del destino para seguir creciendo en conciencia. Todo lo que vivimos es una oportunidad para comprender y abrir el corazón. De hecho, esta programación es la aventura que hemos elegido, en algún nivel que no recordamos, para crecer y recorrer el camino hacia el Amor incondicional. Como reza la sabiduría antigua: La Vida no siempre te ofrece lo que quieres, sino lo que necesitas…

 

La comprensión, propiciada por los ejercicios terapéuticos, de que nuestros problemas son los hitos de un camino que conducen hacia una verdad más profunda de nosotros mismos, permite que dejemos de culparnos y culpar a otros. La terapia es entonces un espacio-tiempo amoroso y de acogida para descubrirnos y para descubrir el sentido de la experiencia que nos toca vivir. El sentido es muy importante porque el sentido que le das a tu vida es lo que finalmente vives.

 

El trabajo terapéutico desde el corazón busca restaurar la coherencia en nuestra vida. La simple toma de conciencia es, en muchos casos, suficiente para predisponernos al estado de coherencia; a menudo incluso trae una evidente curación física. Lo que en las Leyes del Dr. Hamer se corresponde con la solución del conflicto, que nos lleva a la fase de curación de la enfermedad. El perdón, muchas veces, es la conflictolisis (CL, en el siguiente esquema).

 

 

Hector Gil 

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