El secuestro amigdalar

El secuestro amigdalar: cuando la emoción toma el timón y la razón se desvanece.

 

A veces, basta una palabra, una mirada o un gesto para que todo cambie dentro de nosotros. No hablamos de poesía ni de intuiciones místicas, sino de una realidad neurológica profundamente humana: el secuestro amigdalar. Este fenómeno, investigado por neurólogos y psicólogos, ocurre cuando una emoción intensa —el miedo, la ira, la vergüenza— toma el control del cerebro, inhibiendo temporalmente la capacidad racional, especialmente del córtex prefrontal. Pero su alcance no se queda en la consulta del psicólogo. Hoy, abogados, diplomáticos, médicos, árbitros y mediadores necesitan entenderlo. Porque quien no entrena su mente, es esclavo de sus emociones.

 

¿Qué es el secuestro amigdalar?

 

Daniel Goleman (1995) definió el «secuestro amigdalar» como esa reacción en la que la amígdala —estructura cerebral que detecta amenazas y activa respuestas de supervivencia— se impone sobre el neocórtex, especialmente el córtex prefrontal, generando una respuesta emocional intensa y desproporcionada. La persona pierde temporalmente su capacidad de razonar con claridad, como si un piloto automático emocional tomara el control del cerebro.

 

Etkin et al. (2006) demostraron que cuando la corteza cingulada anterior no consigue modular la actividad de la amígdala, se produce una disfunción emocional que dificulta la toma de decisiones racionales. En otras palabras: cuando más necesitamos pensar, sentimos.

 

Las consecuencias de no entrenar la mente

 

Este fenómeno puede tener consecuencias graves, especialmente en escenarios de alta responsabilidad o tensión emocional. En el ámbito judicial, por ejemplo, un testigo vulnerable o un acusado que sufre un secuestro amigdalar puede reaccionar de forma incoherente o ansiosa, provocando interpretaciones erróneas por parte del tribunal. Lo que debería ser un proceso racional y objetivo se ve teñido por la emoción desbordada. Y no por maldad, sino por neurobiología.

 

Pero no solo en tribunales se juega la verdad y la justicia. En la vida cotidiana, este tipo de reacciones puede destruir relaciones, carreras y decisiones colectivas.

 

Ámbitos donde comprender y evitar el secuestro amigdalar es fundamental

 

  1. Justicia y derecho procesal:

Interrogatorios, juicios, declaraciones judiciales. Cuando el miedo o la presión emocional dominan, la persona puede parecer culpable incluso siendo inocente.

 

  1. Negocios y negociaciones diplomáticas:

En negociaciones complejas —como tratados de paz donde hay heridas históricas, traumas colectivos o crímenes atroces— el secuestro amigdalar puede hacer estallar todo. La emoción mal canalizada puede frustrar años de avances. También ocurre en negociaciones corporativas donde están en juego miles de empleos o decisiones éticamente delicadas.

 

  1. Deportes de alto rendimiento:

Un árbitro que debe decidir en segundos una jugada crucial bajo la presión de miles de espectadores agresivos necesita una claridad mental extrema. También entrenadores, jugadores y directivos están expuestos a decisiones en estados de alta activación emocional.

 

  1. Terapia de pareja y mediación familiar:

En dinámicas de pareja muy alteradas emocionalmente, los secuestros amigdalinos pueden conducir al insulto, la violencia verbal o decisiones destructivas. La mediación y el acompañamiento emocional exigen dominio emocional para contener y reconducir.

 

  1. Educación y casos especiales:

Docentes que trabajan con alumnos con trastornos de conducta o en situaciones de violencia escolar deben estar preparados emocionalmente para responder con firmeza y serenidad, no con impulsividad.

 

  1. Salud y crisis humanitarias:

Médicos, psicólogos y personal de emergencia que atienden a víctimas de desastres naturales, terrorismo o guerras deben enfrentar escenas traumáticas manteniendo la estabilidad emocional para poder actuar con eficacia.

 

  1. Psicología de refugiados y víctimas de genocidios:

El acompañamiento a personas profundamente traumatizadas exige al terapeuta una autorregulación emocional constante, para no ser arrastrado por el dolor del otro ni responder con evitación emocional.

 

Estrategias para resistir el secuestro

 

¿Cómo podemos evitar que la emoción destruya la razón? La respuesta no es reprimir, sino cultivar.

 

  1. Revaluación cognitiva:

Consiste en aprender a reinterpretar los estímulos emocionales. No es negar lo que duele, sino resignificarlo. Epicteto decía: “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”. Esta es la raíz de la libertad interior.

 

  1. Simulación de escenarios críticos:

Prácticas como juegos de rol, simulacros de interrogatorios o entrenamientos de negociación bajo presión ayudan a reforzar las rutas neuronales que mantienen la calma. Lo entrenado no se improvisa.

 

  1. Regulación emocional consciente:

La respiración diafragmática, la atención plena (mindfulness) y la visualización positiva ayudan a calmar el sistema nervioso. Estas prácticas tienen raíces milenarias: del zen japonés a los ejercicios espirituales de San Ignacio, del yoga védico a la oración contemplativa.

 

  1. Reconocimiento de detonantes emocionales:

Conocerse a uno mismo es clave. Quien identifica los gestos, frases o contextos que lo alteran, puede prepararse para responder con sabiduría. Aquí, Sócrates sería nuestro maestro.

 

  1. Educación emocional continua:

Cultivar habilidades como la empatía, la escucha activa y la contención emocional fortalece el equilibrio entre la amígdala y el córtex prefrontal. Es un proceso diario de entrenamiento del alma.

 

Una visión desde la filosofía perenne

 

Lo que hoy describen la neurociencia y la psicología, lo enseñaron los sabios antiguos. Marco Aurelio escribía: “El alma se torna invencible cuando se domina a sí misma”. La espiritualidad cristiana, budista y sufí coinciden en la importancia del silencio interior y la vigilancia de los pensamientos. La filosofía perenne —ese conjunto de sabidurías universales compartidas por todas las culturas— propone una ética del autodominio como camino hacia la libertad.

 

El dominio emocional no es negación de la emoción, sino su transfiguración. No se trata de no sentir, sino de no ser esclavo de lo sentido.

 

Comprender el secuestro amigdalar no es solo un tema de psicología clínica. Es una clave vital para líderes, jueces, educadores, terapeutas y ciudadanos conscientes. Es un entrenamiento que deberíamos fomentar desde la infancia: cómo sostener la razón en medio del oleaje emocional.

 

Porque el mundo necesita más mentes lúcidas, más corazones templados, más seres humanos que, aún en la tormenta, recuerden quiénes son y lo que deben hacer.

 

Héctor Gil García

Profesor de Psicosomática Integrativa. Naturópata, Terapeuta Transpersonal.

Autor de “Te perdono, me perdono” (Editorial Mandala).

 

Referencias

– Etkin, A., Egner, T., Peraza, D. M., Kandel, E. R., & Hirsch, J. (2006). Resolución de conflictos emocionales: un papel de la corteza cingulada anterior rostral en la modulación de la actividad de la amígdala. Neuron, 51(6), 871–882. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2006.07.029

– Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional: por qué puede importar más que el cociente intelectual (1ª ed.). Editorial Kairós.

– Epicteto. (2016). Manual de vida (M. Grande, Trad.). Ediciones Akal. (Obra original del siglo I d.C.)

– Marco Aurelio. (2018). Meditaciones (E. Calvet, Trad.). Ediciones Siruela. (Obra original aprox. 180 d.C.)

– Vyasa. (2019). Bhagavad Gita: El canto del Señor (J. M. Ferrando, Trad.). Ediciones Gredos. (Obra original aprox. siglo II a.C.)

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