Hacer por tener te aleja de Ser
Vivimos atrapados en una dinámica que nos empuja a hacer sin pausa, a producir, a lograr, a mostrar, pero sobretodo a tener y a poseer. Pero, ¿desde dónde lo hacemos? ¿Desde un deseo genuino, o desde la sensación de vacío interno por carencias varias que habitan en nosotros?, tantas que ya ni recordamos quiénes somos.
¿Accionamos en el poseer desde este deseo de bienestar, mejora continua y coherente? o, ¿desde la ansiedad, desesperación, e incluso con una actitud de guerra?
¿Eres de los que vas a las rebajas cuando ya ha pasado el “boom” y desde el disfrute y la curiosidad buscas exactamente lo que te apetece comprar o necesitas? y si no lo encuentras o no compras no pasa nada, o bien ¿eres de los que hacen cola el primer día de rebajas y entran a codazos cuando abren las puertas y te peleas por una prenda que otro ya cogió por el otro lado? ¿Buena pregunta verdad? Te invito a reflexionar.
A todos nos gusta vivir bien, sentir las necesidades cubiertas y que además nos sobre, darnos caprichos y sentir abundancia. Pero, ¿y cuándo por más que ganemos, compremos, obtengamos, adquiramos y poseamos nunca sentimos que es suficiente? ¿Qué pasa cuando la carencia nos asfixia, nos acorrala e impulsa a sacar lo peor de nosotros, y nos abre la puerta del juego deshonesto, ruin y miserable?
¿Todo vale? ¿De verdad que todo vale? ¿En serio? Si se lo preguntamos al Ego te responderá “pues claro que todo vale, lo que sea para ganar, para sentirme ganador”. Pero, ¿y si preguntamos a nuestra esencia?, sí sí, a esta que tenemos en la sombra amordazada y anulada, ésta te diría si se lo permitieras: “el miedo encadena y el amor libera, desnúdate de lo que no eres”.
Ese es el viaje del Alma. Del miedo que encadena al amor que libera. De la mentira a la verdad. Del hacer por tener al simplemente Ser.
El viaje del Alma: del Diablo a la Estrella
El El Diablo no es castigo ni amenaza, es el portavoz de los apegos, de las máscaras, del engaño que el Ego fabrica para sobrevivir. Es esa parte de nosotros que, por miedo a mirar adentro, se aferra a lo material, a lo superficial, a lo que puede poseer, controlar o exhibir. Es esta voz, este pepito grillo que nos susurra al oído:“si tengo, entonces soy”.
Cuando el hacer nace desde la herida, la carencia y la baja autoestima, se convierte en una estrategia para evitar el vacío. Pero ningún logro, ningún reconocimiento ni ninguna posesión puede llenar lo que no nos permitimos mirar.
Y así, cada vez que elegimos tener por encima de ser, reforzamos la cadenas, nos alejamos de la autenticidad y nos perdemos en el personaje. Incluso podemos llegar a tomar lo que no es nuestro o no nos corresponde,. ¡Cómo no iba a ser así!, con un Diablo que sigue susurrándonos: “haz lo que sea, pero no mires dentro”.
Y claro no puede haber sombra si no hay luz, y la opuesta al Diablo, la carta más pura y esencial del Tarot, La Estrella, la verdad desnuda. Ella no necesita cubrirse con nada, no necesita tener, ni demostrar, simplemente elige ser. Y nos invita a hacer lo mismo, a reconocernos en el silencio, en lo simple, en lo invisible, a sostenernos sin tener que demostrar nada. No podemos construir una vida en coherencia si no sabemos quién somos más allá de lo que aparentamos.
¿Quién eres sin lo que tienes? ¿En qué parte del viaje estás? ¿Te sientes Diablo o Estrella?
Te invito a parar, a mirarte, a escucharte y responderte con total honestidad a estas preguntas.
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