¿Cómo influyen tus heridas de la infancia hoy?
En Psicosomática Integrativa y en psicología profunda, la concepción, el embarazo y el parto tienen una gran importancia. Ya que marcarán toda la vida adulta de ese bebé. Stanislav Grof, pionero de lo transpersonal, llamó a esas memorias “las matrices perinatales”.
Pero en este artículo abordaremos otro gran período de tiempo que va desde que ya hemos nacido hasta los tres e incluso seis años de edad. Podemos cargar con profundas informaciones tóxicas en las fases previas, pero aún el bebé sigue siendo muy vulnerable y receptivo. Sus ondas cerebrales son de hipnosis profunda hasta los tres años.
El Dr. Salomón Sellam expresa la influencia del ambiente en el bebé de esta forma tan gráfica: Mi madre habla español, yo hablo español; mi madre habla éxito social, yo hablo éxito social; mi madre habla tristeza, yo hablo tristeza…
“Nuestros hijos no se ponen enfermos, los ponemos enfermos”. Enric Corbera.
Los niños son el reflejo de la familia y el lugar de somatización de las sombras familiares, especialmente de la mamá. Muchas veces son reparadores de cargas transgeneracionales. Carl G. Jung dice que el hijo muestra la sombra de sus padres y de sus ancestros y que lo hace a través de síntomas psíquicos, conductuales o físicos. También las obras de Laura Gutman, psicoterapeuta argentina especializada en la infancia, recogen su valiosa experiencia en libros como La maternidad y el encuentro con la propia sombra.
Las 5 heridas de la infancia
Un interesante enfoque para trabajar este período de la crianza es el de Lise Bourbeau. Propone un análisis en cinco formas de trauma o heridas fundamentales que, casi sin excepción, todos vivimos. Veamos brevemente algunas características, que ampliaremos en el curso de Transgeneracional y Proyecto Sentido (www.escuela-integrativa.com).
Cuando vivimos heridos:
- No vivimos bien la intimidad.
- Nos sentimos vacíos constantemente.
- Generamos historias repetitivas.
- Negamos y no llenamos nuestras verdaderas necesidades.
- Sobrevivimos sin vivir la vida verdaderamente.
Cuando sanamos la herida:
- Restablecemos el verdadero yo.
- Desahogamos el dolor.
- Fortalecemos al adulto como el cuidador principal.
- Dejamos de reforzar el sistema de creencias obsoleto.
- Saciamos el hambre que quedó pendiente.
LAS CINCO HERIDAS SON:
- 1- El rechazo
- 2- El abandono
- 3- La humillación
- 4- La traición
- 5- La injusticia
1.- LA HERIDA DEL RECHAZO Y LA MÁSCARA DE RETIRADA
Rechazar alguien es repelerlo, echarlo. La persona que nos rechaza nos dice: “no te quiero a mi lado”; “no puedo tenerte conmigo”. Y nos deja para ir en busca de algo o de alguien. Es diferente el rechazo del abandono. La herida del rechazo es muy profunda, hace sentir a uno que su “derecho a existir” está siendo rechazado. Un ejemplo: los bebés no deseados. La impronta se graba incluso en el vientre materno.
La persona con esta herida tiene ganas de desaparecer. No quiere ocupar su espacio en la vida por miedo a ser rechazado. La máscara tras la cual se esconde esta herida se llama “retraimiento” o “retirada”. En ocasiones pueden acudir a adicciones de drogas o alcohol. No se permiten ser niños, se fuerzan a madurar rápido pensando que así serán menos vulnerables al rechazo. Por eso, parte de su cuerpo parece la de un niño. Al tener dificultad para reconocerse como “alguien”, a menudo tratan de llegar a ser como otra persona.
2.- EL ABANDONO Y LA MÁSCARA DE DEPENDENCIA
La herida del abandono se siente más al nivel del “hacer y tener” que en el nivel del “ser” (como es en la herida del rechazo). Situaciones que pueden despertar la herida del abandono son: La madre debe ocuparse de su recién nacido bebé y el otro hijo se siente abandonado; los padres trabajan todo el día y no tienen tiempo para los niños (padres ausentes); el niño tiene que estar en una cama de hospital sin entender qué le ocurre y no está acompañado; el niño tiene que quedarse en casa de un familiar durante un tiempo alejado de sus padres, etc.
La herida del abandono se reaviva con el padre de sexo opuesto. Mientras sigamos estando resentidos con alguno de nuestros padres, tendremos dificultades con las personas del mismo sexo que nuestro padre a quien no hemos perdonado. Y se suele llevar esta herida a las relaciones de pareja. Para reprogramar, no hay nada mejor que comprender que él/ella son también víctimas de sus padres, y que lo hicieron lo mejor que pudieron con su nivel de conciencia. Además, les acusamos de algo que nosotros también les hacemos a ellos.
En pareja, su demanda puede volverse molesta o irritante. Parecen no tener sensación de plenitud, como si tuvieran un hueco interno que no logra llenarse con nada, y además viven con un gran resentimiento, si la pareja no cubre con todas y cada una de sus expectativas. El clima de la pareja es de frustración o impotencia. Tienden a la depresión y a la dependencia. Algunas de ellas, se vuelven codependientes, y en general, se ligan con parejas de las cuáles puedan depender; les resuelvan sus necesidades o las abandonen frecuentemente.
3.- LA HUMILLACIÓN Y LA HERIDA DEL MASOQUISTA
La humillación se ancla en un niño cuando siente que alguno de sus padres, indistinto el sexo, se siente avergonzado de él. Tiene miedo que se pueda sentir avergonzado porque se ha ensuciado; porque no guarda las formas sociales; porque va mal vestido, etc. El niño se siente degradado, comparado, mortificado o avergonzado…
La humillación se despierta, por ejemplo, cuando el niño escucha a su progenitor contándole a otra persona lo que ha hecho: Cuando la madre descubre al niño tocándose los genitales; o insulta al niño hablando a otros. O cuando el niño ve a su padre desnudo y éste rápidamente se tapa, aprenderá a tener vergüenza de su propio cuerpo.
Son hiper-sensibles, susceptibles y el mínimo comentario les puede herir. Por eso, hacen todo lo posible para no herir a los demás. Se culpan por todo y asumen la culpa de los demás. Es su manera de ser “buenas personas”. No se dan cuenta que, estando tan empatizado con el humor del otro, se desconectan de sus propios sentimientos y necesidades. Para ser conscientes de la herida de la humillación: reconocer las veces en que uno se siente avergonzado de uno mismo o de otros.
4.- LA TRAICIÓN Y LA MÁSCARA DEL CONTROLADOR
Suele darse esta herida con el padre del sexo opuesto con quien hay una fuerte atracción o lazo de amor, generando un fuerte complejo de Edipo o Electra que no se resuelve. Esto significa que la dependencia con el padre del sexo opuesto es muy fuerte. Y en sus relaciones de pareja futuras esperarán mucho, deseando recibir lo que no recibieron de su progenitor. En sus relaciones les costará comprometerse por miedo a ser decepcionadas o traicionadas.
Los controladores tienen fuertes personalidades, líderes en potencia. Piensan que tienen la razón, intentar convencerte y probablemente lo conseguirán. Son de pensamiento y acción rápida, tienen talento, pero les falta paciencia y tolerancia hacia los que son más lentos. Cuando las cosas no salen a su manera, pueden volverse agresivos con facilidad, que es una forma de mostrar su fuerza y control. En realidad, son las personas que tienen más desequilibrios emocionales y no se dan cuenta que con su actitud volátil hacen que los demás se sientan desorientados y además traicionados.
Les gusta tenerlo todo bajo control. Llegan antes a los lugares, les gusta planear el futuro, son muy exigentes con los demás, pero no tanto consigo mismos. Encuentran difícil delegar y confiar en los demás. A los controladores les gusta que todo el mundo sepa lo mucho que ellos han hecho o están haciendo, para sentirse responsables y dignos de confianza. Buscan ser “vistos”, ser “especiales” e importantes. Suelen ser impacientes e intolerantes. Actúan para llamar la atención del otro.
5.- LA INJUSTICIA Y LA MÁSCARA DEL RÍGIDO
Sufrimos la herida de injusticia cuando sentimos que no somos apreciados por nuestro valor; no nos sentimos respetados o cuando creemos que no recibimos lo que merecemos. También sufre esta herida quien cree que recibe más de lo que se merece. La herida se suele activar con el padre del mismo sexo. Si sentíamos que ese padre no expresaba sus sentimientos con nosotros, sufrimos una relación “fría” y superficial con el/ella, lo cual nos limita a podernos expresar y ser nosotros mismos. Si el padre del mismo sexo era además autoritario, crítico y estricto, la herida es mayor. De pequeño quien tiene esa herida siente que es más apreciado por lo que hace que por lo que es.
La reacción de la persona que sufre la herida es disociarse de sus sentimientos, como forma de sentirse protegidos y no vulnerables. Para ese fin construyen la máscara de la rigidez. Físicamente van todo rectos, como si su cuerpo fuera “perfecto”. En el fondo se niegan a sí mismos, pues no se permiten expresar sus verdaderos sentimientos.
Para el rígido es difícil conocer y respetar sus propios límites. Se imponen obligaciones, aunque no sean coherentes con sus necesidades. Si se permitieran sentir escucharían más las mismas. Encuentran injusto tener más privilegios que los demás. Por eso, muchos se sabotean a recibir, otros se centran en la queja y otros creen que tienen que dar a los demás para ser justos. Son extremadamente perfeccionistas.
Quien reconozca esta herida en sí mismo, puede sanarla empezando por reconocer cuándo es injusto con los demás y consigo mismo.
SANACIÓN DE LAS HERIDAS DEL ALMA
La sanación se produce cuando uno acepta lo que es sin juzgarlo. Cuando se intuye que uno es mucho más que esas heridas: en otros niveles del Ser, uno es luz, belleza, amor y fuerza infinitas. Cuando se acepta y se comprende que, de algún modo, hemos elegido esa herida antes de nacer para crecer y reencontrarnos con esa capacidad de entrega. Gracias al espacio terapéutico del silencio se produce la alquimia y la cura.
Precisaremos humildad de corazón; estar dispuestos a comprender y a soltar lo que ya no sirva. Podemos reprogramar y modificar patrones de pensamiento y de conducta. Se aconseja escucharse, observarse, honestamente en el silencio. Ya que la cura viene del profundo Ser, donde existen la perfección, la gratitud y la salud; en nuestro propio inconsciente.
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