La coherencia interna, mi verdadera abundancia
El diálogo entre El Papa, El Ermitaño y La Justicia como mapa de mi vida y legado de mi alma.
Mi camino me ha enseñado que el autoconocimiento es la brújula más poderosa que podemos tener. Herramientas como el Tarot Evolutivo y la Numerología nos muestran la geometría de nuestra vida, revelando lecciones, desafíos y el camino hacia nuestra armonía interna.
En mi experiencia, la carta natal actúa como ese mapa que nos orienta hacia nuestra esencia y nuestro gran aprendizaje de esta vida, colocándonos de frente con lo que necesitamos iluminar y transformar en potencialidad.
En mi caso, mi número de vulnerabilidad es el 8, representado en el Tarot por La Justicia. Durante años creí que el aprendizaje de este número estaba ligado únicamente a la materia: superar la carencia, aprender a valorar lo ganado con esfuerzo, equilibrar las huellas de venir de una familia de padres separados, de un hogar donde el ahorro era casi ley. Ese patrón de “vivir en la falta” lo asumí como verdad.
Pero ayer, en una sesión de autoReiki, ocurrió un clic profundo. Sentí que el 8, mi Justicia, me hablaba directamente. Y comprendí que su enseñanza va mucho más allá.
La Justicia me susurró:
“Soy equilibrio vivo, consciente de que la verdadera perfección nace de la armonía entre todas las partes de tu ser. Comprendo que el balance auténtico surge de la aceptación y la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces.”
Entonces lo vi claro: la reparación real, la sanación, no era trabajar la parte material de la Justicia, del 8, sino el equilibrio interno, la coherencia interna. Este equilibrio y coherencia interna, entre lo que pensamos, decimos y hacemos, se convierte en nuestro marco de vida, en nuestra verdad absoluta, y nos permite sentirnos libres para que así sea.
De pronto, en mi carta apareció la geometría de un triángulo formado por mis números: 5 (esencia), 9 (emocionalidad) y 8 (vulnerabilidad). Allí se reveló la fuerza de mi doble esencia: el Papa (5), como verdad, como marco de vida que me recuerda la lealtad a mí misma; y el Ermitaño (9), como libertad holística, como soledad elegida, como aquel que camina la vida creando su propia alquimia y sabiduría.
El Papa me sostiene en mi verdad, mientras que el Ermitaño, con su candil, ilumina a la Justicia para que brille. Me invita a mirar la vida de frente, como ella lo hace: con la espada para cortar lo que no soy, con la balanza para medir lo que sí y lo que no. Esta es la sabiduría que el Ermitaño, con su candil, ilumina: la libertad para ser, libertad para pensar, decir y hacer lo que uno quiere, acorde a la propia verdad y marco de vida de mi Papa, para vivir de frente a la vida, desde el presente, tal como nos indica la Justicia.
Hoy sé que mi vulnerabilidad es también mi gran aprendizaje: ese talón de Aquiles que, cuando lo ilumino, se transforma en mi mayor virtud. El 8 y La Justicia ya no son un peso, sino un recordatorio vivo de que la verdadera abundancia está en la coherencia interna: el equilibrio entre lo que pensamos, decimos y hacemos, como marco de vida, como verdad absoluta, y sentirnos libres para que así sea.
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Te acompaño en tu viaje,
Terapeuta Evolutiva