Nativoantárticos, Sentido de pertenencia.

PROYECTO: Nativoantárticos, Sentido de pertenencia.
JOSÉ “NUMBER SIX”

 Un Llamado desde el Sexto Continente
La Antártida es un territorio de extremos. Su inmensidad blanca es un testamento a la
resistencia de la naturaleza y al misterio de nuestro planeta. Es el único continente sin
un país, sin fronteras definidas por las guerras, un símbolo de cooperación global…
pero, ¿por cuánto tiempo más?
En medio de crecientes tensiones geopolíticas y el reciente descubrimiento de un
yacimiento masivo de petróleo en la región, la Antártida enfrenta uno de los momentos
más cruciales de su historia. En este escenario, mi historia personal se entrelaza con la
del continente.
Soy José Manuel Valladares Solis, apodado en EE. UU. como JOSÉ “NUMBER SIX” por
ser la sexta persona en la historia mundial, nacida en la Antártida. ¡Sí, una de solo once!
Para nosotros, los nativoantárticos, este continente no es solo un lugar remoto, sino el
corazón de nuestra identidad y el escenario de nuestras vidas. Nací en un lugar donde
la vida es un desafío constante, donde el hielo y el viento dictan las reglas, y donde cada
día es una prueba de resistencia y adaptación. Comenzar mi vida en la Antártida,
significa entender el valor de la exploración, el sacrificio y la urgencia de proteger el
único continente verdaderamente prístino de la Tierra.

El Relato de mi Nacimiento
Mi padre, el Coronel del Ejército Argentino José Eduardo Valladares, dedicó gran parte
de su vida y carrera militar a la Antártida. Amaba, como él decía: «… Aquellas albas
latitudes de la Patria!…» Fue un explorador pionero que participó en decenas de
misiones y campañas antárticas, enfrentando temperaturas extremas, tormentas
despiadadas y desafíos logísticos que ponían a prueba hasta al más experimentado.
De niño, escuché innumerables veces sus historias antárticas, que contaba con mucho
orgullo y emoción.
Mi papá conoció en primera persona las dificultades del continente, desde la falta de
infraestructura hasta los peligros impredecibles del clima. Por eso, aunque defendía
con fervor la presencia argentina en la región, siempre fue consciente de que fomentar
nacimientos allí era un riesgo que no debía tomarse a la ligera. Nunca imaginó que su
propia familia quedaría atrapada en esa paradoja.
Un incendio en Base Esperanza fue el motivo del viaje que realizaron mis padres en
enero de 1980. Se trató de una visita de inspección. Mi padre, junto a otras autoridades,
viajaron para investigar las causas del fuego y llevar por medios aéreos parte de los
insumos necesarios en la base.
«…Se suponía que el viaje duraría sólo un par de días, ¡pero vos decidiste nacer allá!…»
solía decir mi padre con una sonrisa. Él había intentado viajar solo, consciente de que el
desplazamiento y las condiciones climáticas antárticas implicaban riesgos para mi
madre, Teresita Solis, quien tenía seis meses de embarazo. Pero ella y mi abuela
insistieron «…Yo era joven y tu padre me cautivaba con sus historias… En aquel entonces,
no había turismo y no quise perder la oportunidad de conocer la Antártida…», recordaba
siempre mi madre.
El viaje comenzó con un primer vuelo desde Buenos Aires hasta Río Gallegos, seguido
de un segundo tramo aéreo hacia Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Desde allí,
una tercera etapa llevó a la expedición hasta la remota Base Marambio, puerta de
entrada a la Antártida. Finalmente, con dos helicópteros completaron la travesía hasta
la Base Esperanza, en el extremo norte del continente blanco. La comitiva visitó varios
refugios e instalaciones cercanas. Mi madre relataba que ya en la península Antártica,
el periodista, José Gómez Fuentes, que integraba la comitiva viajó por tierra en un
vehículo a oruga, el cual terminó cayendo en una grieta. Mi padre, en un gesto de
compañerismo, le cedió su asiento en el helicóptero y emprendió el regreso en un trineo
con los perros polares que Él tanto amaba ¡Reviviendo sus tiempos de explorador!
Cuando el helicóptero aterrizó en Base Esperanza, mi padre aún no había llegado. Mi
madre, preocupada, creyó que algo le había pasado. La tensión y posiblemente la falta
de oxígeno en el viaje precipitaron el trabajo de parto. Cuando mi padre finalmente
llegó, yo ya había nacido. Pesaba poco más de 1,5 kg, pero gracias al profesionalismo
de los doctores Rubén y Mabel Pariggi, sobreviví sin mayores inconvenientes.
Los médicos tuvieron que improvisar. Después del incendio, sólo habían logrado
rescatar parte del instrumental médico, trasladándolo a su vivienda. Adaptaron un
nebulizador para convertirlo en un aspirador quirúrgico e instruyeron a miembros de la
base para que actuaran como asistentes. No había ropa ni pañales para mí, así que mi
primer abrigo fue la campera del piloto del helicóptero.
Muchos años después, el periodista japonés Eiji Roppongi me entrevistó y expresó algo
que aún resuena en mí: «… Tu nacimiento fue tu destino. No naciste en la Antártida por
un interés político, ni porque tus padres lo eligieron. Naciste allí porque Dios así lo
quiso…». Y así lo siento.
El 22 de febrero de 2024, en el Día de la Antártida Argentina, mi madre falleció. Su
partida en una fecha tan simbólica reafirmó aún más mi conexión con la Antártida. Su
legado dejó huellas imborrables en la nieve y en mi corazón, forjando una unión eterna
con la tierra que siempre será mi hogar.

Un Legado en Construcción

Desde pequeño, supe que mi vida no sería convencional. Mis padres, pioneros en la
historia nativoantártica, enfrentaron desafíos enormes en este entorno extremo. Sus
relatos de supervivencia, cooperación y respeto por la naturaleza se convirtieron en mi
brújula moral. Hoy, esos principios guían mi labor en Native Antarcticans Foundation
Inc., una organización sin fines de lucro que co-fundé, junto a Marisa de las Nieves
Delgado y Maria Sol Cosenza, también nativoantarticas! Entre otros objetivos,
buscamos preservar la Antártida, conservar la paz, divulgar sus historias y contar
relatos que impacten al mundo.
Uno de esos relatos es “Six», una serie basada en hechos increíblemente reales, que
busca llevar la historia de los nativoantárticos a una audiencia global.

Un Futuro que Nos Pertenece a Todos
La Antártida es el último santuario de la Tierra. Su futuro no depende solo de los
gobiernos y tratados internacionales, sino de todos nosotros. Mi historia no es solo la
de un nativoantártico, sino la de una causa que necesita aliados, voces y acciones.
A través de esta muestra, espero no solo compartir mi historia, sino inspirar a quienes
la leen a ser parte del cambio. La Antártida no puede hablar por sí misma, pero yo, y los
pocos que hemos nacido en su suelo, podemos hacerlo. Necesitamos que nos
escuchen.
¿Te unes a esta causa? Contáctame: jose@nativeantarcticans.org

 

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