No romper el ritmo familiar por Lealtad
Ser hija, hermana, nieta… son roles que nacen del amor, pero también de expectativas silenciosas.
Desde pequeños aprendemos el ritmo familiar: cuándo hablar y cuándo callar, qué emociones están permitidas, qué temas no se nombran, quién sostiene, quién manda, quién cede, quién se sacrifica…
Ese ritmo se transmite como una melodía invisible aprendida por todos. Un ritmo musical que no siempre nos representa, pero al que aprendemos a adaptarnos para no desentonar, y seguir perteneciendo.
Ser un “buen hijo” acorde a lo establecido, es tocar en esa orquesta sin hacer ruido. Es no romper el ritmo que ya suena, aunque tu alma pida otra melodía musical. Y ahí duele, cuando por no romper el ritmo familiar, nos rompemos por dentro.
Cada papel que ocupamos dentro del sistema familiar viene acompañado de una forma específica de lealtad. A veces es cuidar aunque no podamos más, otras es ceder aunque duela, o repetir lo que ya no tiene sentido. Nos decimos que lo hacemos por amor, pero en realidad es por miedo a desafinar.
Momento silencioso
Hay un momento silencioso, casi íntimo, en el camino del autoconocimiento, donde comenzamos a elegirnos. No como acto de rebeldía, sino como acto de lealtad interna. Es ese instante sagrado donde empezamos a decir “sí” a lo que somos y “no” a lo que ya no.
Elegimos salirnos del ritmo heredado para conectar con la propia melodía, la de nuestra alma, que no es ni mejor ni peor, es simplemente la nuestra, la de nuestra verdad, acorde y en coherencia a nuestra esencia.
Descubrimos que sernos leales no es traicionar a la familia, aunque duela, y no se comprenda, y aunque el precio sea sentir rechazo, ruptura e incluso desamor.
La verdadera lealtad nace cuando nos elegimos, cuando reconocemos que nuestra historia no es la de quienes nos precedieron, y que honrar lo que vivieron no significa repetirlo, sino elegir con qué nos quedamos y qué soltar.
La lealtad a uno mismo es honrar desde otro lugar, uno más libre y más consciente, es decir “gracias por darme la vida pero ahora sigo yo”.
Cuando una mujer se libera, libera a todo su linaje.
Porque toda fidelidad ciega que se rompe con consciencia, se transforma en una ofrenda luminosa para el alma del clan.
Yo me elegí, y lo que viví me mostró que lo hice de verdad, elegí que lo heredado terminaba en mí, que mi mejor forma de honrar a los que vinieron antes y cuidar a los que han venido y vendrán después fue elegir mi propia lealtad, la que me permite ser y vivir con la melodía de mi alma.
Terapeuta, Taróloga & Numeróloga, Maestra de Reiki