OLFATO PERDIDO EN LA COMUNICACIÓN PROFESIONAL
“Recuperando la huella del aroma”
En la era digital, en la que la comunicación se ha vuelto rápida, eficiente y virtual, hemos perdido un elemento esencial que durante siglos ha acompañado nuestras interacciones humanas: el sentido del olfato. Hoy sabemos cómo vestirnos para una reunión, cómo dirigirnos a un cliente, cuáles son sus gustos y preferencias, pero muy pocos recuerdan el poder que tenía el aroma en las cartas, en las tarjetas personales, e incluso en los logos con esencias que podían marcar una identidad única.
¿Por qué cayó en el olvido el olor y cómo podemos rescatarlo en el ámbito profesional?
El sentido del olfato está estrechamente ligado a la memoria y las emociones. Un aroma puede evocar recuerdos poderosos y crear vínculos profundos. En un mundo profesional donde las relaciones humanas son la base del éxito, incorporar un aroma característico puede ser una herramienta única para generar confianza y cercanía. Imaginar que cada vez que un cliente recibe tu tarjeta o te saluda en una reunión, también recibe una fragancia que asocia contigo es recuperar un contacto más humano y duradero.
El olvido del olor en la era digital
Con la llegada de los correos electrónicos, mensajes instantáneos y plataformas digitales, el contacto físico y sensorial ha sido minimizado. La correspondencia se volvió virtual, las tarjetas de presentación pasaron a formatos digitales, y el tacto y el olfato quedaron relegados a un segundo plano. El olor de una carta escrita a mano o de una tarjeta perfumada era un detalle que hacía la diferencia, una marca de dedicación y personalidad. En contraste, un email frío y sin olor es eficiente, pero impersonal.
Así como las empresas desarrollan logos visuales para representarse, ¿por qué no desarrollar una “firma olfativa” personal para nuestro entorno laboral? Este aroma sería un distintivo, un mensaje no verbal que transmite profesionalismo, confianza y autenticidad. Al igual que una vestimenta adecuada, un aroma puede influir en la percepción que otros tienen de nosotros.
¡Pero no confundamos, con el olor corporativo de las grandes multinacionales, que todo los ejecutivos/as huelen igual!
El aroma no solo impacta en los demás, también nos afecta internamente. Usar una fragancia especial para el trabajo puede aumentar nuestra autoestima, mejorar nuestro estado de ánimo y prepararnos mentalmente para enfrentar los retos laborales. Además, los clientes o colegas pueden asociar ese aroma con sensaciones positivas, facilitando la creación de una atmósfera amigable y colaborativa.
En mi caso es el aceite esencial de laurel.