La permacultura: cultivar comida imitando a la naturaleza
Imagina un huerto que casi se cuida solo, donde cada planta tiene “amigos”, el suelo mejora con los años y el agua de lluvia se aprovecha al máximo. No es ciencia ficción ni magia: eso es, a grandes rasgos, la permacultura.
¿Qué es la permacultura?
La permacultura es un enfoque de diseño para gestionar la tierra y crear asentamientos humanos que imitan el funcionamiento de los ecosistemas naturales. No es solo una técnica de huerto, sino una forma de pensar: observar cómo funciona un bosque, un río o una pradera… y trasladar esas relaciones a nuestros cultivos, casas y comunidades.
El término viene de “permanent agriculture” (agricultura permanente), pero hoy también se entiende como “permanent culture”, porque sus ideas se aplican a la agricultura, la planificación urbana, la gestión del agua, la energía e incluso la organización social.
En lugar de depender de grandes cantidades de fertilizantes, pesticidas y combustibles fósiles, la permacultura diseña sistemas que:
-
aprovechan al máximo la energía del sol, el viento y el agua;
-
mantienen el suelo vivo y fértil;
-
fomentan la biodiversidad;
-
y buscan que cada elemento cumpla varias funciones (por ejemplo, un árbol puede dar sombra, alimento, refugio a la fauna y proteger el suelo).
Orígenes de la permacultura

Los “padres” de la permacultura
La permacultura fue formulada en los años 70 en Australia por dos investigadores: Bill Mollison y David Holmgren. Ellos acuñaron la palabra y publicaron en 1978 el libro Permaculture One, donde presentaban un sistema agrícola basado en plantas perennes y asociaciones de especies que se sostienen a largo plazo.
La idea original era sencilla, pero revolucionaria: diseñar “agriculturas permanentes” en lugar de sistemas agrícolas que agotan el suelo y dependen de insumos externos.
Bill Mollison, conocido como “el padre de la permacultura”, fundó en 1979 el primer Instituto de Permacultura para enseñar estas técnicas de diseño a estudiantes de todo el mundo, combinando manejo de suelo, agua, plantas, economía y estructuras sociales sostenibles.
Raíces más antiguas
Aunque el nombre es reciente, la permacultura bebe de muchas fuentes anteriores:
-
En 1911, el agrónomo estadounidense Franklin Hiram King escribió Farmers of Forty Centuries, describiendo cómo en China, Corea y Japón se habían mantenido suelos fértiles durante miles de años con prácticas de agricultura “permanente”.
-
En 1929, Joseph Russell Smith propuso en Tree Crops: A Permanent Agriculture sistemas con árboles frutales y de frutos secos combinados con cultivos debajo para evitar erosión y degradación.
-
Agricultores e investigadores como George Washington Carver o Masanobu Fukuoka ya defendían la rotación de cultivos, el no laboreo y la “agricultura natural”, que hoy son pilares de la permacultura.
A todo esto se suman prácticas ancestrales de pueblos indígenas que manejaban bosques comestibles, terrazas de cultivo, sistemas de riego y policultivos complejos… mucho antes de que existiera la palabra “permacultura”.
La ética de la permacultura: la base del equilibrio

La permacultura se sostiene sobre tres principios éticos, que ayudan a entender por qué se considera un método de cultivo equilibrado con el medio ambiente:
1) Cuidar de la Tierra (Earth Care)
Proteger suelos, agua, bosques y toda forma de vida. Si el ecosistema está sano, nuestros cultivos también lo estarán.
2) Cuidar de las Personas (People Care)
Asegurar que las personas tengan acceso a lo básico: alimento, refugio, comunidad y educación. No se trata de “salvar el planeta” a costa de la gente, sino de que todos vivan dignamente.
3) Repartir los excedentes / Fair Share
Compartir tiempo, dinero, conocimiento y recursos sobrantes. Implica poner límites al consumo y devolver a la Tierra y a la comunidad parte de lo que recibimos.
Esta ética hace que la permacultura no sea solo “agricultura ecológica”, sino también una filosofía práctica: si una técnica produce mucho pero destruye suelos, agua o comunidades, simplemente no es permacultura.
Principios de diseño: copiar al bosque, no a la fábrica

David Holmgren formuló doce principios de diseño que ayudan a traducir la ética en decisiones concretas: observar la naturaleza, producir sin generar residuos, usar recursos renovables, diseñar de patrones a detalles, valorar la diversidad, etc.
Algunos ejemplos clave y cómo se traducen en equilibrio ambiental:
“Observa e interactúa”
Antes de cavar, se observa: por dónde entra el sol, cómo se mueve el viento, dónde se acumula el agua. Así el diseño se adapta al lugar y se evita malgastar energía y materiales.
“Captura y almacena energía”
Recoger agua de lluvia, plantar árboles que den sombra en verano y dejen pasar el sol en invierno, usar compost para almacenar nutrientes. Menos dependencia de combustibles fósiles y fertilizantes.
“Produce sin desperdicio”
Restos de cocina y de poda se convierten en compost o vermicompost (con lombrices), y las heces se pueden transformar en biogás y abono con sistemas de saneamiento ecológico. El “basurero” pasa a ser una fábrica de fertilidad.
“Integra en lugar de segregar”
En vez de monocultivos, se mezclan especies que se ayudan: unas dan sombra, otras atraen insectos beneficiosos, otras fijan nitrógeno en el suelo. El resultado es más estable y resistente a plagas.
“Usa y valora la diversidad”
Igual que un ecosistema diverso resiste mejor sequías, plagas o cambios de clima, un huerto diverso es más fuerte y menos dependiente de químicos.
¿Por qué la permacultura está en equilibrio con el medio ambiente?
Vamos a lo concreto: ¿qué hace, en la práctica, que un sistema de permacultura sea tan respetuoso con la Tierra?
1) Cuida el suelo en vez de explotarlo
La agricultura industrial suele labrar profundo, usar fertilizantes sintéticos y dejar el suelo desnudo, lo que lleva a erosión y pérdida de materia orgánica.
En permacultura se busca lo contrario:
-
Poco o nada de laboreo: el suelo casi no se voltea. Se protege con cobertura vegetal o acolchados (mulch). Esto mantiene la estructura, la humedad y la vida del suelo.
-
Materia orgánica constante: restos vegetales, estiércol, compost, lombricompost… todo vuelve al suelo. En un proyecto de permacultura en Cuba, por ejemplo, comenzaron con solo 9 lombrices tigre y en unos 15 años llegaron a más de 500.000, transformando residuos orgánicos en fertilidad.
Resultado: cada año el suelo está más vivo, no más pobre.
2) Aprovecha el agua con inteligencia
En vez de drenar el agua lo más rápido posible, la permacultura busca retenerla y filtrarla en el terreno:
-
“Swales” o zanjas en curva de nivel que capturan agua de lluvia y la infiltran al suelo.
-
Pequeñas lagunas y estanques que moderan el microclima, recargan acuíferos y aumentan la biodiversidad.
-
Suelos con mucha materia orgánica, que funcionan como una esponja, reduciendo inundaciones y sequías.
Esto reduce la necesidad de riegos intensivos y protege tanto el cultivo como el entorno.
3) Imitar un bosque: más capas, más vida
Una de las imágenes más potentes de la permacultura es el “bosque de alimentos”: un sistema de varias capas (árboles altos, árboles bajos, arbustos, hierbas, trepadoras, raíces, cubierta del suelo) que se parece a un bosque… pero comestible.
En Gales, por ejemplo, el proyecto New Forest Garden es un bosque de alimentos de siete capas que produce frutas, frutos secos, verduras y hierbas en una pequeña superficie, mientras mejora el suelo y mantiene una gran diversidad de vida.
En India, en el pueblo de Muhal (Himachal Pradesh), un exinformático creó un bosque de alimentos de unas cuatro hectáreas, llamado Attune, con alrededor de 2.000 árboles y más de 350 especies nativas. El objetivo es restaurar la flora local, conservar agua con zanjas y estanques, y ofrecer hábitat a la fauna, todo inspirado en principios de permacultura y agricultura natural.
Estos ejemplos muestran cómo la permacultura produce comida y, a la vez, regenera ecosistemas.
4) Menos químicos, más equilibrio biológico
En sistemas bien diseñados:
-
las plagas se mantienen a raya porque hay depredadores naturales (aves, insectos beneficiosos, murciélagos);
-
las “malas hierbas” a menudo se redefinen como plantas útiles: cubren el suelo, atraen polinizadores, sirven como abono verde o alimento;
-
el uso de pesticidas y herbicidas se reduce o desaparece, evitando contaminación de suelos y aguas y protegiendo insectos esenciales como las abejas.
5) Resiliencia social y económica
La permacultura no solo mira a la naturaleza: también mira a las personas.
-
Fomenta comunidades locales con intercambio de semillas, conocimientos y productos.
-
Reduce la dependencia de insumos externos caros (fertilizantes, pesticidas, maquinaria pesada).
-
Promueve pequeñas economías circulares: lo que sobra se comparte, se truequea o se transforma.
Esa resiliencia social también es parte del equilibrio: si las personas viven mejor, tienen más capacidad de cuidar de la Tierra.
En resumen: una agricultura que piensa a largo plazo
Podríamos decir que la permacultura responde a una pregunta simple pero poderosa:
“¿Cómo podemos vivir bien hoy sin destruir la base que permitirá vivir bien a quienes vengan después?”
Al:
-
cuidar el suelo en lugar de agotarlo,
-
capturar y almacenar agua y nutrientes,
-
diseñar sistemas diversos y cooperativos,
-
y poner en el centro la ética de cuidar la Tierra, las personas y compartir los excedentes,
la permacultura se convierte en un método de cultivo profundamente alineado con el medio ambiente.
No es una receta rígida, sino una forma de mirar el mundo: observar la naturaleza, comprenderla y, en lugar de luchar contra ella, aliarnos con sus patrones.
Si sientes tu llamada y no tienes claro cómo empezar, contacta conmigo, sólo te mostraré la punta del hilo para que puedas empezar a tirar y tejer tu vida como te mereces. Envíame un mensaje aquí
*Si te animas…. contesta mis preguntas en los comentarios, o apórtame tu experiencia o visión sobre el tema. Gracias por ello
¿Por qué es importante respetar los derechos de autor en internet?
Porque crear con conciencia también es crear con responsabilidad.
Todo el contenido que compartimos —artículos, textos, imágenes, videos, entrevistas, música, reflexiones— pertenece a Tiempo Consciente y está protegido por la legislación vigente en materia de propiedad intelectual.
¿Qué leyes lo protegen?
Este material está amparado principalmente por:
La Ley de Propiedad Intelectual en España (Real Decreto Legislativo 1/1996)
El Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas
Las normas internacionales de copyright aplicadas por plataformas como YouTube (DMCA – Digital Millennium Copyright Act)