🛏Reflexiones: El dormitorio

🛏El dormitorio, nuestro taller nocturno de reparación celular

En 2.007, a mis 23 años de edad, la Vida me brindó la oportunidad de descubrir la importante relación entre Salud y Hábitat; comprendí que nuestro hogar, es en realidad nuestra tercera piel, entendí, que nuestro dormitorio, sin ningún lugar a dudas, es nuestro taller nocturno de reparación celular.
Desde entonces, desarrollo mi actividad laboral como Técnico en Biohabitabilidad.
La Biohabitabilidad es una disciplina ambiental que estudia de forma holística el conjunto de factores de riesgo físicos, químicos y biológicos, (en dormitorios, espacios habitados, lugares de trabajo y terrenos).
La exigencia y el objetivo final del Estudio de Biohabitabilidad se centra en crear un entorno vital lo menos contaminado y lo más natural posible, persiguiendo cualquier reducción de riesgo dentro de lo individualmente realizable. La referencia es la naturaleza y el objetivo final es intentar replicar los valores que podríamos obtener en plena naturaleza, con entorno no contaminado. La prioridad, es la preservación de la salud de las personas.
Durante unas horas, las diagnosis convierten los espacios analizados en auténticos laboratorios donde los equipos suenan, los registradores cuentan, los softwares analizan.


Durante mi trayectoria en esta importante disciplina, he desarrollado una intensa labor detectivesca, pudiendo diagnosticar y resolver numerosas patologías ambientales, y por ende, he podido presenciar reversiones de numerosas sintomatologías y/o enfermedades, (algunas de ellas casi milagrosas). Razón por la cual ya nunca me he separado de esta apasionante labor al servicio de la sociedad.
Nunca olvidaré casos muy complejos de niños oncológicos, (hoy adolescentes y algunos de ellos ya adultos) donde sus padres estaban desesperados porque el tratamiento oncológico no funcionaba. Era el caso de Elena, de tan solo 9 años de edad; sus padres, desahuciados por la medicina convencional, observaban como su niña se iba apagando progresivamente, luchando contra la leucemia durante demasiado tiempo sin éxito. Pero el tesón e instinto maternal de su madre, impulsaron una labor de investigación para hallar respuestas a las preguntas hasta la fecha no resueltas. Causalmente, consultando en Internet posibles orígenes, encontró la relación entre exposición a campos magnéticos alternos de extremadamente baja frecuencia, (generados por líneas de distribución eléctrica y/o centros de transformación urbanos) y dicha enfermedad, haciéndole caer en la cuenta del posible impacto que el hasta ahora pasado por alto centro de transformación empotrado en el bajo de su edificio, pudiese ser la fuente del sufrimiento de la pequeña Elena.
Vivían en la primera planta y la mala fortuna hizo que el dormitorio elegido para su hija, (en el cual dormía desde la temprana edad de 3 años) coincidiese con la vertical de dicha infraestructura industrial.
Cuando entré a su pequeño cuarto, mi equipo de medida registró una densidad de flujo magnético alterno de más de 1.500 nanoTeslas; (la Norma Técnica de Medición en Baubiologie SBM-2024, recomienda menos de 20 nT, más de 100 nT los considera fuertemente significativos y más de 500 nT los clasifica como extremadamente significativos). Me paseé por el resto del inmueble observando un fondo residual de tan solo 20 nanoTeslas. Ese mismo día, ayudé a sus padres en el traslado de la cama de María a su nuevo dormitorio, ubicado al fondo de la vivienda, el cual hasta la fecha se había utilizado como trastero.
Tan solo dos semanas después, recibí una importante llamada de sus padres confirmándome la espectacular atenuación de sus diversas sintomatologías, unos meses más tarde ya no necesitaba tratamiento alguno. Hoy, Elena ya es mayor de edad, está llena de Vida, tiene pareja y estudia Derecho, superó su enfermedad actuando sobre la raíz del problema. Sigo manteniendo una bonita relación de amistad con toda su familia. A pesar de los años transcurridos, todavía me emociono cuando lo recuerdo. Que labor tan gratificante.
Numerosas personas sufren insomnio crónico, otras lo acompañan con bruxismo, dolores de cabeza, malestar, estrés y nerviosismo. En Medicina del Hábitat lo denominamos “la electrocución lenta”, y es que la mayor parte de la población, nace, vive y muere, rodeada de campos eléctricos alternos, de mayor o menor intensidad en su lugar de descanso. Provienen, (entre
otras fuentes) de la instalación eléctrica doméstica, mermando la correcta segregación de melatonina, (hormona del sueño que a su vez mantiene a flote nuestro sistema inmune) ya que este tipo de campos, hacen creer a nuestra glándula pineal que todavía es de día, alterando nuestros ritmos circadianos al permanecer con una cierta tensión inducida corporal durante toda la noche.
Sin duda, se trata de una de mis diagnosis preferidas, principalmente porque es habitual solucionarlo desde la primera noche, volviendo, una vez más, a ser consciente de la reversión de numerosos problemas de salud, favoreciendo un sueño profundo y reparador.

Pero sin ningún lugar a dudas, el factor que más auge está teniendo desde hace décadas son las ondas electromagnéticas de altas frecuencias. Desde el teléfono inalámbrico DECT, (el cual suele irradiar de forma permanente, 24/7), pasando por el omnipresente router Wi-Fi, (el cual utiliza la frecuencia de resonancia de la molécula del agua, 2.450 MHz, -somos 70% agua- y a la que además decidieron pulsar a 10,2 Hz- interfiriendo con el estado Alfa cerebral humano, que oscila entre 8 y 12 Hz, el cual se sabe es la puerta de entrada al sueño-), nuestro smartphone, (lo llevamos en el bolsillo), o las estaciones base de telefonía móvil, (con las cuales se nos impone un fondo electromagnético quizá aumentado unos pocos millones de veces con respecto a hace tan solo 50 años). Siendo causa muy probable del tsunami de personas con EHS (Electrohipersensibilidad), auténticos canarios de la mina que nos advierten que algo no va bien.
Recordando una vez más, que la Biohabitabilidad ofrece alternativas para una conectividad saludable, o materiales de blindaje para evitar la permeabilidad de radiaciones exógenas dentro de nuestros espacios interiores.

Me gustaría acabar esta breve pincelada, (dejando inevitablemente, por cuestiones de espacio, otros muchos factores sin mencionar) comentando otra de mis diagnosis preferidas, se trata del estudio de la luz visible, concretamente de la luz artificial. Teniendo esta un impacto clave sobre nuestro descanso nocturno.
Como siempre, la referencia es la naturaleza, y en el caso que nos trata, se intenta reproducir lo más fielmente el espectro cromático generado por el astro rey.
Pero con demasiada frecuencia, analizamos temperaturas de color demasiado frías en lugares previos al descanso nocturno, haciendo creer a nuestro cerebro que son las 10 de la mañana, cuando en realidad son las 10 de la noche y seguimos sin tener sueño… El parpadeo es otro factor interesantísimo; lógicamente el sol no parpadea, ofreciéndonos una intensidad lumínica lineal, en cambio, numerosas lámparas LED, (o nuestra pantalla de PC) pueden llegar a encenderse y apagarse completamente, (100% de flicker) cientos, miles o decenas de miles de veces cada segundo, (sin que seamos conscientes de ello a causa del denominado “umbral de fusión de parpadeo”, que en el ojo humano ronda los 60 Hz) obligando a adaptar a nuestras pupilas tantos ciclos por segundo, como interferencias tenga dicha fuente lumínica, causando un estrés óptico sin precedentes. Cambiar a una iluminación biológica suele ser algo económico, eliminar el parpadeo en nuestras pantallas a través de un juego de teclas, gratuito


Por José Antonio Alonso

Técnico en Biohabitabilidad Máster en Biología del Hábitat IBN/IEB Formación en Geobiología y Biohabitabilidad GEA
www.biohabitabilidad.com – +34 649 375 907 –

Os comparto un directo que hicimos hace unos años; el dormitorio, nuestro taller de reparación celular

 

 

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