Entrevista a Graciela Moreschi

La idea de Familia durante mucho tiempo tenía una sola lectura. Hogar encabezado por un matrimonio de diferentes sexos que convivían bajo un mismo techo junto a sus hijos. La economía y la estructura principal eran generadas por el hombre y las mujeres se dedicaban al hogar y a la crianza de los niños.

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Hoy en día, la realidad es otra. Existen familias ensambladas, monoparentales, encabezadas por una mujer, de parejas del mismo sexo e incluso modelos de familia aún más abiertos. Hijos que viven sin padres, grupo de jóvenes, ancianos que comparten el mismo techo, convivencia de padres sin hijos o con hijos de otros matrimonios o, incluso, matrimonios sin convivencia.

Las opciones son múltiples, y cada vez quedan más atrás los modelos antiguos e incluso los códigos, la crianza, las costumbres y modalidades dentro de ellas.

Dándole espacio al surgimiento de modelos de familias horizontales en la que todos los integrantes opinan, juzgan y actúan a diferencia de las anteriores familias verticales, que son encabezadas solo por los progenitores que tienen la posesión de la última palabra y decisión en beneficios de todos los que conviven en el hogar.

ESTOS CAMBIOS PROFUNDOS TRAEN CONSIGO MUCHOS DESAFÍOS. YA QUE LOS LÍMITES NO ESTÁN ESTABLECIDOS Y LAS REFERENCIAS QUE TENEMOS DEL CONCEPTO FAMILIA NO CONTINÚAN VIGENTES.

Nos encontramos ante cambios que afectan los modos de vivir, las relaciones de las sociedad misma, así como en sus aspectos organizativos. Los niveles de responsabilidad familiar y los niveles de compromisos matrimoniales sufrieron cambios difíciles de balancear, al igual que los deseos de libertad personal e individualismo trayendo como consecuencia rupturas y uniones libres sin lazos afectivos.

Estos cambios son procesos que a su vez, dejan al descubierto aspecto muy positivo en el seno familiar.
El aumento de dialogo con los hijos para transmitir los valores, enseñanzas y orgullos, mayor participación de la mujer en la familia, trabajo y sociedad y una apertura mental que reduce los niveles de prejuicio con el otro y una mayor aceptación de nuestra realidad; De esta manera, se reduce las exigencias sociales de alcanzar una familia tipo y sí, una familia que nos identifique con nuestros propósitos y enseñanzas.

En suma, hoy en día la familia moderna tiene varias lecturas, formas, tipos y por lejos, ya no es algo único pero además, la velocidad de la época actual hace que estas transformaciones sean más diversas y dinámicas.

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Pero, aún sigue cumpliendo un rol importante en cuanto a ser un núcleo fundamental de la sociedad. Es decir, la familia seguirá siendo un reflejo de la sociedad existente y podremos continuar diciendo:” Cada familia es un mundo”.

Para ampliar sobre el tema no te pierdas la entrevista a la Psicóloga
Graciela Moreschi.

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